Lo que hizo en días recientes Rosara Ruiz Gutiérrez, la Secretaria de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, fue políticamente ejemplar: por si usted no lo sabe, la catedrática universitaria removió de su puesto como director del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) a un señor nombrado el sexenio pasado, el cual siempre estuvo envuelto en polémicas y presuntos malos tratos, y que se llama José Antonio Romero Tellaeche.
¿Por qué fue destituido? Por impresentable. Eso lo digo yo, no la investigadora mexicana. ¿Qué hizo el individuo? Para hacerlo fácil y rotundo, acudo a una nota de mi compañero reportero de este diario, Cristopher Cabello, que se publicó antier y que fue cabeceada así:
“Romero Tellaeche fue agresivo hasta con Rosaura Ruiz”.
Primer párrafo:
“Luego de que la presidenta Claudia Sheinbaum señaló que la destitución de Romero Tellaeche (…) fue una decisión directa de la Secretaría de Ciencia (…), la comunidad del Centro de Estudios reaccionó positivamente en redes sociales”.
Tercer párrafo: “Jean Meyer, académico de la División de Historia del CIDE, revela a EL UNIVERSAL que la destitución de Romero Tellaeche era algo que la comunidad esperaba ya que, narra, el 10 de diciembre se llevó a cabo una reunión entre la titular de Ciencia con la Junta Directiva del Centro de Estudios, conformada por personas de varias instituciones, como la UNAM, el Colegio de México, además de representantes estudiantiles, del profesorado y de los trabajadores del CIDE”, y en esa junta la comunidad del CIDE reclamó a Romero Tellaeche el hostigamiento hacia estudiantes y profesores, pero especialmente hacia las mujeres.
“Le fue bastante mal al director del CIDE, le reclamaron su conducta con las mujeres, misógino, pero más le reclamaron lo insuficiente del informe del trabajo en 2025 y del programa 2026. Algunos especularon que le iban a pedir la renuncia”, detalla Meyer, quien presenció un momento muy duro entre ambos funcionarios, cuando Rosaura Ruiz le pidió a Romero Tellaeche callarse y escuchar.
¿Por qué lo calló Rosaura? Yo diría, en lengua originaria, que por ojete, pero en lengua todavía más antigua, creo que por ojeis vertiente patán:
“Se portó muy mal, le cortó la palabra tres veces a la doctora Ruiz, quien le tuvo mucha paciencia, y a la tercera ocasión le dijo: “José Antonio, cállate, ¿que no entendiste? Hace rato leímos la carta de las mujeres del CIDE que se quejaban de tus groserías con las mujeres y mira cómo me estás tratando, yo nunca te corté la palabra”.
Pero no todo era sobre el comportamiento despiadado que le atribuían al señor: también estaba lo relativo a sus deficiencias laborales. La Secretaria Ruiz le señaló a Romero que, de los veintiséis Centros Públicos de Investigación en el país, el CIDE fue el único en presentar un informe de trabajo deficiente sobre 2025 y un programa para 2026 “incompleto”, por catalogar de forma suave su mediocridad, diría yo.
Eso narró Meyer sobre aquella reunión de diciembre, “quien desde la crisis del CIDE, que estalló en 2021, fue una de las voces críticas, y que permaneció en la institución pese a los embates de la dirección liderada por Romero”, recordó el reportero Cabello.
Yo creo en la veracidad de la narración de Meyer recogida por EL UNIVERSAL, porque no hay en su historia académica ninguna tacha que pudiera hacerme desconfiar de lo que dice, como sí sucedería, por ejemplo, con cualquier frase que pudiera pronunciar cierta ministra de la SCJN de cuyo nombre y apellido no quiero acordarme porque si los cito provocaría en México un dolor de muelas colectivo en Pentecostés (o cualquier día del año).
¿Por qué cabecee que fue ejemplar lo de Rosaura Ruiz? No sólo por ponerle un alto a un tipo que actuaba con insolentes desplantes misóginos, sino por escuchar a los demás, a los inconformes en el CIDE, pero sobre a los que no piensan igual que ella, lo cual no sucedía en el sexenio pasado.
De la misma manera, veo que recientemente Claudia Sheinbaum se reunió con economistas y luego con banqueros. Asumo que no fue para imponerse, sino para escuchar análisis e interpretaciones de la realidad y con ello quizá rectificar o corregir. La buena política es eso, escuchar y buscar acuerdos, no aferrarse a las imposiciones. Dignificar a quienes disienten, en lugar de avasallarlos, es el primer rasgo de una persona democrática, de una gobernante con ilusiones de estadista.
Ojalá que cunda el ejemplo en todo el gobierno federal, sobre todo en su partido y en los estados, porque tenemos islas y polos opresivos, como Campeche, donde quieren callar al que difiera, o en Palacio Nacional, donde abundan torpezas (estoy siendo piadoso) del sujeto que le pasa información errónea y errática a la Presidenta (reciente caso FBI), tal como el mismo personaje hacía con López Obrador, sin que le importara en aquel entonces ni le importe ahora exponer y dejar a sus jefes en ridículo.
Al fondo
Como pongo aquí cada vez que algún tema amerita una apostilla, lo que escribo en esta columna es mi opinión, de nadie más, y por tanto no representa el posicionamiento de ninguna institución en la que yo trabaje.
(Ya sabe usted, lectora-lector: abundan los insidiosos).
jp.becerra.acosta.m@gmail.com
Twitter: @jpbecerraacosta

