El coraje y el colapso de CDMX (y de Ebrard)…

Juan Pablo Becerra-Acosta M.

Dimos una bofetada electoral por coraje de que nos defraudaron

Han pasado dos semanas desde los comicios y al Presidente de la República y a la Jefa de Gobierno no les cae el veinte —como se dice coloquialmente— de lo que sucedió en Ciudad de México. Siguen en absoluta negación. No asimilan que los hayan zarandeado a punta de votos en el corazón mismo de los movimientos de Andrés Manuel López Obrador, en su fiel urbe que lo apoyó en todo —y le soportó de todo— desde el año 2000, cuando lo encumbró como político.

Todavía no digieren que solo gobernarán siete alcaldías y la oposición nueve. Tenían once, la oposición apenas cinco. Tampoco procesan que, junto a sus aliados, pasaron de ganar 31 distritos en 2018 a solo obtener 19 distritos para diputados locales en esta ocasión. La oposición solo ganó dos distritos en 2018 y ahora triunfó… ¡en 14!  

Aquí, donde AMLO ha sido venerado hasta la ignominia (¿recuerda usted su ceremonia de unción el 1º de diciembre del 2018 en el Zócalo, cuando fue adorado como tlatoani?); aquí, donde Claudia Sheinbaum arrasó hace tres años, en esta ciudad libertaria y progresista, ahora resulta que todo se trató de una conspiración, de un complot, incluso de un fraude, o de que todos súbitamente nos volvimos conservadores y mochos.

 No conciben que buena parte de la misma gente que llevó a AMLO a la Presidencia y que condujo a Sheinbaum a la Jefatura de Gobierno ahora los haya sancionado por varios de los comportamientos que tuvieron durante los últimos tres años. ¿No que el pueblo es sabio? ¿No que el pueblo es erudito al votar? ¿No que el pueblo sabe lo que conviene al país y lo que es mejor para México y su capital?

¿O esto se trata ahora de que, cuando no vota por Morena, “el pueblo” pasa a ser ignorante, manipulable, egoísta y “aspiracionista”?

Es muy lastimoso que, trece días después de que acudimos a las urnas, en lugar de haber hecho una profunda introspección, digan que ni siquiera sabemos por quién votamos. Sí, eso dijo el Presidente hace tres días, el miércoles pasado: “Ni supieron por quién votaron”, espetó. Agregó que los candidatos opositores eran “impresentables” (ciertamente Gabriel Quadri sí, pero también Dolores Padierna) y llegó a esta conclusión: la gente votó contra Morena… “por coraje”, porque, acusó, sus adversarios “envenenaron” a los electores a través de una “guerra sucia” por temas como la desgracia de la línea 12 del Metro.

Tiene razón el Presidente, salvo por el origen del envenenamiento. Los que votamos por él y Claudia en 2018 ahora les dimos una bofetada electoral por coraje, pero el veneno no provino de fantasmas neoliberales sino de sus actos, de que nos defraudaron en repetidas ocasiones. Nos dio coraje su machismo sanitario con eso de que no usara cubrebocas, pero sobre todo, que no promoviera el uso masivo de esas mascarillas como una política de Estado. Nos dio coraje que su doctor Hugo López-Gatell no le haya explicado que eso pudo evitar miles y miles de contagios de gente que lo idolatraba y lo emulaba, y que tampoco le dijera que miles y miles de vidas se podían salvar entre abril del año pasado y febrero de este año, si todo mundo usaba cubrebocas, incluso en sus casas, en reuniones como las decembrinas, que tanto daño causaron.

Nos dio coraje que menospreciara y vilipendiara al movimiento feminista, que ni siquiera hiciera un esfuerzo serio por comprender lo que significaba “romper el pacto”. Nos dio coraje que defendiera a personajes impresentables, como ese innombrable sujeto de Guerrero acusado de violaciones que, además, en un acto de cínico nepotismo, impuso a su hija como candidata. Habrase visto.  

Nos dio coraje su defensa de Bartlett, un personaje vergonzoso desde el fraude de 1988. Nos dio coraje que no se estuviera combatiendo a los criminales que extorsionan y secuestran a la luz del día (véase Michoacán), a esos que mataron candidatos y amenazaron a otros, como a la aspirante en Valle de Bravo, Zudikey Rodríguez, que fue amagada y vejada ante todo el país. Si eso no es Estado fallido, que los criminales hayan doblegado así a Zudikey, una joven militar que ya no pudo impugnar la elección, ¿qué carajos es? Nos dieron coraje muchas cosas, como la escasez de medicamentos, la crisis del oxígeno, las guarderías, el aeropuerto, su política cavernaria con los combustibles y Claudia Sheinbaum pagó en CDMX por AMLO. 

Pero, ¿sabrán siquiera el significado de coraje? ¿Su primera acepción en el diccionario de la RAE?  “Impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo, valor.” Ese veneno que nos inocularon cada mañana, cuando atacaban de forma inmisericorde a quienes piensan diferente, o a quienes critican sus errores, provocó suficiente coraje (impetuosa decisión, ánimo, valor) como para votar en su contra de forma masiva. Entiendan: en la elección previa equivalente, la del 2015, sólo votó el 44% de la gente en Ciudad de México. Ahora, el 52%.

Esto solo fue un aviso. Así como Marcelo Ebrard ya ha quedado fuera de la contienda presidencial, cualquiera de sus candidatos puede ser castigado en 2024 si no enmiendan el camino y gobiernan su soberbia, su insolencia, su autoritarismo. Ebrard es el responsable político del desastre de la Línea 12 del Metro, con todo y su colapso. Los culpables de la mala construcción y de las fallas estructurales serán otros, será gente de las empresas constructoras y funcionarios de los tres últimos gobiernos, empezando por el suyo, y quizá alguien acabé en la cárcel (él no), pero él está liquidado políticamente.

Escuchen bien el coraje del voto, Claudia y Andrés Manuel. Sépanlo leer, o van a colapsar como CDMX, como Marcelo…

 

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Twitter: @jpbecerraacosta
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