El INEGI dio a conocer el miércoles pasado las estadísticas sobre defunciones registradas en el primer semestre de 2025 en todo el país, lo que permite “caracterizar el fenómeno de la mortalidad”. El Instituto va cotejando meticulosamente los datos y por eso tarda en darlos a conocer. Usualmente en octubre de cada año ya tiene las cifras anuales, pero por lo pronto, con los datos que proporcionó hace unos días, podemos tener una idea clara de lo que ha venido pasando con la inseguridad en este todavía corto sexenio, ya que el documento incluye los números que corresponden a los homicidios.
Y en ese tema hay, desde mi perspectiva, una muy buena, una mala y una pésima noticia.
La muy buena, se confirma que bajan los homicidios.
La mala, los jóvenes se siguen matando entre ellos.
La pésima, se siguen matando a balazos, narco style.
Veamos primero la muy buena. La tasa de defunciones “a causa de agresiones (presuntos homicidios)” por cada 100 mil habitantes pasó de 12.6 de enero a junio de 2024, a 11.1 en el mismo periodo, pero de 2025. Es la tasa más baja desde 2016, cuando tuvimos una de 8.9 en el mismo espacio de tiempo. En números, la cifra en aquel entonces fue de 10 mil 963 presuntos homicidios, contra los 14 mil 488 presuntos homicidios contabilizados durante la primera mitad de 2025, lo que representó un descenso de 11.15 por ciento respecto al mismo lapso de 2024.
Bien, pero, hay que tener una aspiración más alta para volver a contar con una tasa de un dígito.
La mala, que los jóvenes se siguen matando entre ellos, o siguen siendo las principales víctimas de los asesinatos. Los homicidios continúan representando la primera causa de muerte entre los jóvenes de 25 y 34 años y también entre aquellos que oscilan entre 35 y 44 años. Peor, porque mutila el presente y el futuro, para los adolescentes entre 15 y 24 años los asesinatos son la segunda causa de muerte.
También alarmante, los niños y las niñas entre 10 y 14 años tienen a los homicidios como sexta causa de muerte, lo que es una barbaridad: niños y adolescentes matando niños y adolescentes, y adultos matando niños y adolescentes. Para el caso de los hombres el asunto es peor, porque se trata de la segunda causa de muerte entre adolescentes y jóvenes entre 15 y 24 años y la quinta entre los niños que van de 10 a 14 años.
Para las adolescentes y jóvenes mujeres entre 15 y 24 años es la segunda causa de muerte, y para las jóvenes entre 25 y 34 años es la tercera causa de muerte. Es decir que, en este país, si eres mujer, mientras más joven seas más riesgo hay de que caigas asesinada. Una atrocidad absoluta. También es la quinta causa de muerte entre las mujeres jóvenes y maduras que oscilan de los 35 a los 44 años.
¿La pésima noticia? Los jóvenes se siguen matando a balazos. Es el México macho invencible. El principal medio que alguien usó para provocar la muerte a otra persona, dicen los datos del INEGI, fue el disparo con arma de fuego, con el 71.9 por ciento. Siete de cada diez asesinatos se perpetraron a plomazos. El sello de la casa del crimen organizado, del sicariato nacional.
No todos los estados del país presentan esta situación. ¿Cuáles son los peores, los más violentos en cuanto a los homicidios como principales causas de muerte? Baja California (cuarta causa de muerte, tercera para hombres), Baja California Sur (quinta causa de muerte para ellos), Colima (cuarta y segunda para ellos), Chihuahua (cuarta y tercera), Guanajuato (misma situación), Guerrero (lo mismo), Michoacán (quinta y cuarta), Morelos (cuarta y tercera), Sinaloa (cuarta y segunda), Sonora (misma situación), y Tabasco (cuarta y tercera).
Tomemos lo bueno de esta información del INEGI, el descenso de los homicidios que parece ya una tendencia (ojalá), pero no dejemos de señalar que vivimos en un país donde buena parte de sus jóvenes están inmersos en un ecosistema de violencia y degradación que, por las buenas o las malas, los empantana en una interminable espiral de balazos y muerte, lo cual desgraciadamente también afecta a mujeres, niños y adolescentes.
Bajo fondo
Si viene el director del FBI a México con un grupo de funcionarios de seguridad estadounidenses, y el gobierno federal coordina uno o dos operativos (o tres, o veinte, o los que sean) para atrapar a criminales hechos y derechos, o a presuntos delincuentes, y con eso quedan neutralizados un par de capos (o cincuenta), ¿en qué nos afecta?
La tal señora Soberanía Nacional creo que prefiere mil veces ese tipo de trabajo conjunto que tener en la calle a criminales que son profundamente dañinos para la sociedad y para los hijos que le dieron patria.
Ya no nos envolvamos en la bandera nacional cuando realmente no es necesario, con paradigmas decimonónicos que no nos aportan nada hoy, porque no vaya a ser que ese gesto de defensa ya no sirva cuando realmente lo necesitemos, por ejemplo, en días complicados en los cuales drones gringos hagan explotar campamentos narcos en las sierras mexicanas y de paso aniquilen a peones de los cárteles.
¿O si le jugamos al niño héroe y vociferamos?
Digo.
jp.becerra.acosta.m@gmail.com
Twitter: @jpbecerraacosta

