Las democracias no se debilitan de un día para otro. Se erosionan cuando las decisiones que deberían unir terminan dividiendo; cuando las reformas que prometen fortalecer instituciones generan dudas en lugar de confianza.
Hoy México discute la posibilidad de una reforma electoral en un contexto marcado por desafíos estructurales: inseguridad persistente, freno en el desarrollo, presión económica internacional, revisión de acuerdos comerciales y una ciudadanía que exige resultados tangibles. En este escenario, la pregunta no es si el sistema electoral puede perfeccionarse, sino si este es el momento y la forma adecuada para hacerlo.
Desde COPARMEX consideramos que esta es una reforma electoral inoportuna y riesgosa. Impulsar hoy una reforma político-electoral que divide al país, cuando el llamado debería ser a la unidad para enfrentar de mejor manera los retos internos y externos, únicamente genera para México incertidumbre.
El país tiene en este momento prioridades que debemos atender con responsabilidad y conciencia. Estas prioridades consisten, precisamente, en reconstruir una agenda de seguridad, justicia y paz; y, por otro lado, fortalecer las condiciones de inversión. Si queremos ser atractivos para la inversión debe trabajar en seguridad, en certeza jurídica y en materia energética. Sin mencionar, además, el desarrollo de talento, la infraestructura y la crisis hídrica que afecta a diversas regiones del país. Estas son las prioridades, y no una reforma electoral.
La peor señal que estamos enviando al inversionista nacional y extranjero es que, en este país, las reglas están cambiando sin consensos. Esa es, sin duda, la señal más dañina para la inversión.
Tenemos que respetar cinco pilares: la autonomía de las autoridades electorales, la pluralidad legislativa, una fiscalización robusta y efectiva, la inclusión de minorías y la certeza jurídica. Cambiar las reglas sin consenso social —especialmente cuando provienen del poder que compite bajo ellas— debilita la confianza interna y envía señales de incertidumbre al exterior.
Las reglas electorales son la base de la competencia política. Son el piso común sobre el que se construye la legitimidad de gobiernos y congresos. Por ello, su modificación exige algo más que mayoría legal: exige consenso social amplio. Cuando una reforma de esta naturaleza no nace de acuerdos incluyentes, el debate deja de ser técnico y se convierte en un factor adicional de tensión.
La estabilidad institucional es el elemento que permite que la inversión fluya, que los proyectos productivos se concreten y que el empleo crezca. Los mercados observan con atención las señales que envía un país sobre la fortaleza de sus contrapesos, la autonomía de sus órganos y la previsibilidad de sus normas. Cualquier percepción de debilitamiento institucional incrementa la cautela, y la cautela frena decisiones.
México ha construido, a lo largo de tres décadas, un sistema electoral que permitió alternancias pacíficas, competencia plural y certeza jurídica. Fue resultado de negociaciones complejas, de participación ciudadana y de exigencias sociales legítimas. No fue producto de la coyuntura, sino de la necesidad de consolidar una democracia confiable.
Modificar ese andamiaje sin un proceso de deliberación amplio puede tener consecuencias que trascienden la coyuntura política. La confianza democrática es acumulativa, pero su deterioro puede ser rápido. Y cuando la confianza se resiente, también lo hacen la inversión, el crecimiento y las oportunidades.
Además, México mantiene compromisos internacionales en materia de democracia y derechos políticos que forman parte de su credibilidad ante socios estratégicos, incluidos aquellos del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. La solidez institucional no es solo un asunto interno; es parte de nuestra carta de presentación ante el mundo.
En COPARMEX creemos en el diálogo y en la mejora constante de las instituciones. Pero también creemos que las reformas estructurales deben construirse desde el consenso y no desde la confrontación. Reformar por reformar no fortalece; puede debilitar. #OpiniónCoparmex
Presidente Nacional de Coparmex

