América Latina ha vivido en una constante polarización política, los intereses económicos que genera la región han provocado que las naciones hegemónicas intervengan de manera directa o indirecta en la vida política de nuestras naciones, esconden bajo la máscara democrática su interés por el control y aprovechamiento de los recursos naturales.
Es lamentable la manera en que Estados Unidos intervino en Venezuela, ello no quiere decir que se defienda a Nicolás Maduro y la crisis en la que sumergió a su nación, sus ocurrencias tendrían un límite y ese debería de haber provenido de un movimiento social no de una intervención descarada que busca el control del petróleo y no la implementación de un régimen democrático.
Quienes se alegran de la intervención son todos aquellos grupos políticos que viven en la frustración rancia de no ganar elecciones en sus naciones y encuentran en las locuras de Donald Trump la única salida de retornar al poder, aunque ello implique entregar la soberanía de sus naciones.
El futuro de Venezuela es incierto, no hay probabilidades de salir de la crisis, al contrario, se va a imponer una nueva dictadura comandada desde Estados Unidos, Donald Trump sin tapujos anuncia que ellos controlarán y venderán el petróleo; amenaza a Delcy Rodríguez, la presidenta encargada, que si no copera le ira peor que a Maduro; como si esto no fuera suficiente se lanza contra Colombia, Cuba y México, y anuncia su intención de anexar Groenlandia a Estados Unidos. Este parece ser el año de las locuras de Trump, quien pretende revivir la Doctrina Monroe, pero descafeinada. No cuenta con el consenso al interior de su nación y las encuestas advierten que no tendrá buenos resultados en las elecciones legislativas del mes de noviembre, será el freno interno para Trump. El mundo al que Trump pretende imponer un nuevo imperialismo ha cambiado, naciones como China y Rusia son una realidad económica que han configurado nuevos bloques económicos, será el freno externo para el proyecto del republicano.
Los políticos de derecha, que se han alineado a Trump, tendrán su ocaso cuando el proyecto del republicano fracase en 2028, es ahí cuando se volverá a mover el péndulo político en América Latina, mientras tanto seremos testigos de inestabilidad, crisis económica, el surgimiento de nuevas dictaduras y la aparición de revueltas sociales.
Venezuela es el territorio prueba para Estados Unidos, imponer un gobierno a modo que le entregué el control del petróleo; tener un personaje débil que le sirva de títere y no logré el respaldo popular, por eso María Corina ya no fue indispensable para las intenciones norteamericanas, mal hizo en no aprovechar el premio Nobel para construir un movimiento que restableciera la democracia y contrario a ello se convirtió en una aplaudidora de la acción ilegitima de Trump que viola el derecho internacional y abre la puerta a que esta acción se repita en otras naciones.
Es preocupante escuchar la manera como Trump decide sobre el futuro de Venezuela; es patético mirar como los personajes de derecha aplauden con la esperanza de regresar al poder apoyados por el intervencionismo norteamericano; no es casual la sonrisa de Maduro, quizá fue una entrega pactada: teatro e impunidad, al estilo Trump.
El cambio geopolítico que se vive en América Latina reposicionará el liderazgo de México, el respaldo popular y la necesidad mutua que México y Estados Unidos tienen cierra la puerta a cualquier intento de intervención.
El respaldo popular del gobierno de Claudia Sheinbuam es su principal fortaleza y la herramienta más importante que tiene para construir un nuevo eje económico en América Latina.

