Disentir en política es normal y necesario, nos confirma que vivimos en una democracia donde existen posturas diversas y de ellas, justamente, surgen propuestas plurales e incluyentes. Aparece el arte de la política que es encontrar soluciones conjuntas en beneficio de la sociedad o en palabras de Aristóteles se debe de legislar pensando en el “bien supremo”, traducido como “bien común”, concepto casi extinto en la política de nuestros días.
En 2024 la coalición “Sigamos Haciendo Historia” obtuvo el suficiente número de diputados y senadores para realizar las modificaciones constitucionales del conocido “Plan C”, que fue la bandera programática de su campaña. Todas las reformas se habían realizado sin fricción entre la coalición. El reparto de las cuotas de poder había mantenido un equilibrio entre Morena y el Partido Verde y del Trabajo, quienes en múltiples ocasiones han gritado en tribuna su respaldo al proyecto de la presidenta, pero la luna de miel terminó cuando llegó la reforma electoral, aquí es donde ellos anteponen su interés personal al bien común.
Nicolás Maquiavelo escribió en El príncipe sobre las tropas mercenarias: “si un príncipe sustenta su Estado con tropas mercenarias, nunca estará firme ni seguro, porque estás carecen de unión, son ambiciosas, indisciplinadas, fanfarronas en presencia de los amigos, y cobardes contra los enemigos.” Tanto el PT como el Verde han carecido de ideología y consistencia en sus actuar político. Su respaldo a diferentes proyectos políticos ha estado relacionado con beneficios cupulares: enriquecer las carteras de sus eternos líderes: Alberto Anaya y Jorge Emilio González “el niño verde”.

La reforma electoral enviada por la presidenta ha tenido la principal oposición dentro del bloque mayoritario, esto nos habla de la necesidad que tiene Morena de redefinir sus objetivos: salir a competir sin sus aliados e impulsar a nuevos cuadros. Es el momento idóneo para saber cuál es la fuerza real del Verde y PT.
¿Quién necesita más al otro? Esa pregunta solo se podrá resolver en 2027. Lo que sí sabemos es que ambos partidos no tienen un arraigo entre la sociedad; han estado cerca de perder su registro.
No hay prisa para una reforma electoral, es algo que la presidenta Sheinbaum entiende, es momento de conocer que tanto la coalición sigue funcionando y si es momento de optar por el fortalecimiento de su partido.
El Verde y PT estiran demasiado la liga, lo hacen sin pensar en el riesgo que ello implica para su futuro inmediato. Es falso que busquen fortalecer la democracia, les preocupa dejar de recibir: 832 y 670 millones de pesos respectivamente; y no poder colocar a sus incondicionales en las listas plurinominales en las cuales se han perpetuado: Manuel Velasco 13 años, Arturo Escobar 15 años, Alberto Anaya 25 años, Reginaldo Sandoval 11 años.
De no aprobarse la reforma político-electoral la oposición tendrá una esperanza al ver al bloque mayoritario dividido y podrán decir que la presidenta se debilita de cara a 2027, ese, estoy seguro, será su discurso, aunque me parece que en realidad Claudia Sheinbaum gana más al conocer a los miembros mercenarios de la coalición. Tiene la oportunidad de impulsar candidaturas en Morena afines a su proyecto político. Las condiciones impuestas por sus aliados le otorgan la posibilidad, a la presidenta, de consolidar su liderazgo ante la sociedad y de darle una cara diferente a Morena.
Hasta aquí Monstruos y Máscaras…
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