La manera como se ha constituido el poder históricamente en México ha generado que se atribuyan cualidades, cuasi divinas, a quien ostenta el cargo. Esta razón hace que se realicen análisis simplones donde toda responsabilidad recae en la Presidenta, como si esto fuera poco en nuestro país también se vive un machismo galopante y desmedido por parte de la oposición y de la falsa crítica “intelectual” quienes usan adjetivos como “presirvienta” o nulifican su capacidad política al sugerir que ella no manda sino el expresidente. Cuando estas bajezas forman parte de la discusión pública o lo que ocupa el debate es si una mujer se asoleo o no en Palacio Nacional, nos damos cuenta de que estamos carentes de un verdadero diálogo de ideas basado en argumentos técnicos y académicos. Nos hemos quedado en la pelea de cantina, se entiende por qué se extrañan las voces de Carlos Fuentes, Miguel Ángel Granados Chapa o Carlos Monsiváis.
Toda democracia necesita de la crítica para fortalecerse, es más un gobierno que aspira a dar resultados requiere que se le cuestione y se le exhiban sus errores. El gran problema es cuando lo que se tiene son mentiras o calumnias. Al convertirse la descalificación en la única opción de visibilizar las posturas se demerita la construcción de acuerdos y se pierde la oportunidad de construir políticas en conjunto.
Claudia Sheinbaum ha impreso un sello propio a su gobierno. La visión técnica por encima del discurso político ha encaminado las principales acciones de su administración, destacan el cambio y fortalecimiento de la estrategia de seguridad que ha dado como resultado la disminución del 44% en la tasa de homicidio; y el manejo de las relaciones diplomáticas, principalmente con el gobierno de Donald Trump y sus amenazas de la aplicación de aranceles o intervención contra los cárteles. El carácter y la capacidad política de la presidenta ha disminuido el grado de virulencia con la que el presidente de Estados Unidos amedrenta a las demás naciones.
Claudia Sheinbaum Pardo, ha ido dándole un sello claro a su gobierno siendo la recuperación de la seguridad una de sus principales banderas, sin dejar de lado el impulso a la agenda feminista y de igualdad de género.
¿Quién toma las decisiones en el Gobierno de México? La Dra. Claudia Sheinbaum, su liderazgo destaca internacionalmente y en México ha vencido los discursos de odio. Como nunca cumplió la ley al cobrar los impuestos a uno de los hombres más ricos del país, Ricardo Salinas Pliego.
Como todo gobierno hay errores que corregir. Cambiar funcionarios no es sinónimo de debilidad sino de mejoramiento. Todo equipo de trabajo se necesita reajustes, perfiles que se adecuen al proyecto de gobierno, se debe de asumir también que si un funcionario comete errores es su responsabilidad y no de la Presidenta. Es falso el discurso que asume que ella sabe y esquiva los errores.
Se vendrán más cambios en el gobierno de Claudia Sheinbaum, por cuestiones electorales y necesidades administrativas. Aspectos como el tema educativo merecen un cambio urgente, lo mismo el fortalecimiento del sector salud, se requieren perfiles técnicos como el de Omar García Harfuch que impongan los resultados a las grillas políticas.
Es erróneo pensar en la palabra cuidar a la presidenta, hablaríamos de que está en riesgo. Lo que debe de hacer su equipo cercano es privilegiar los resultados administrativos y fortalecer las políticas de gobierno que son el sello de Claudia Sheinbaum: una científica que gobierna con técnica y carácter.
Hasta aquí Monstruos y Máscaras…
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