Donald Trump se ha caracterizado por ser un político intransigente e incapaz de construir acuerdos. Su manera bizarra de hacer política ha polarizado a la población norteamericana. Ha cuestionado de manera reiterada a las instituciones al extremo de desconocer las elecciones de 2020 y auspiciar que sus seguidores irrumpieran de manera violenta en el Capitolio. Un hombre narcisista y con ínfulas de dictador bananero es un riesgo inminente para la democracia estadunidense y la estabilidad mundial, por ello el resultado de las elecciones intermedias es una bocanada de aire para el mundo.
La nueva realidad política de Estados Unidos marca el fin de la era de Donald Trump, atrás quedó la sociedad polarizada. La derrota de los Republicanos ha sido histórica, han perdido sus bastiones y tienen dos años para generar nuevas condiciones políticas si es que desean conservar la presidencia, algo que se ve imposible. En su nuevo panorama el presidente Trump es una carga negativa que deberán quitarse, su imagen les resta. Es un hombre con poca popularidad y sin resultados. Sus locuras y discursos mordaces han dejado de tener impacto entre su sociedad.
La victoria de los Demócratas no solo sorprendió por la contundencia sino por los sitios que lograron conquistar. Se abre una nueva realidad política donde las minorías empiezan a ganar espacios. La distribución del poder se da, también, entre población con una raíz latinoamericana y eso cambiará la relación entre Estados Unidos y América Latina. Tanto los Demócratas como los Republicanos deberán construir sus plataformas políticas tomando en cuenta a los grupos inmigrantes. El discurso de odio y racista de Trump no permitió entender y darse cuenta de que la composición del electorado norteamericano se estaba transformando, esta realidad ya no tendrá retorno.
Trump, muy difícilmente asumirá la derrota. Lo primero que publicó, la noche del martes, fue refiriéndose a que de haber estado en la boleta hubiera aplastado a sus oponentes. No se dio cuenta que los resultados son producto de su pésimo gobierno. Ahora tendrá que negociar con los Demócratas, quienes tienen la mayoría en ambas Cámaras, o podrá gobernar por decreto, fiel a sus caprichos, pero optar por esta segunda forma solo terminará por sepultar a los Republicanos para la elección de 2028, es importante observar quienes son los republicanos que se independizan de Trump y asumen una voz propia y de diálogo que les permita ganar lo perdido.
El mundo respira. Trump es un presidente débil y su margen de maniobra ha quedado reducido. Su política exterior será limitada por que sus energías tendrán que concentrarse hacia el interior de EE. UU. Para México es inmejorable después de décadas se tendrá una frontera con gobernadores demócratas, por ello es histórico la llegada de Xavier Becerra en California, Katie Hobbs en Arizona, Ded Haaland en Nuevo México, Gina Hinojosa en Texas y en este mismo estado para el Senado con James Talarico.
Una primera lección que nos deja la elección intermedia de Estados Unidos es el fracaso que en el mediano plazo tienen los gobiernos populistas como el de Trump. La verborrea se topa, irremediablemente, con la falta de resultados. Los norteamericanos llegaron a las elecciones preocupados por la situación económica, la corrupción y, en menor medida, por el debilitamiento de la democracia. Ha quedado claro el papel decisivo que tienen los migrantes, todo proyecto político que pretenda ser exitoso deberá incorporarlos de lo contrario ya se sabe el resultado que obtendrán.
Hasta aquí Monstruos y Máscaras…
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