Iniciemos con la reacción de Donald Trump, quien expresó en Truth Social: “¡El espectáculo del medio tiempo del Super Bowl es absolutamente terrible, uno de los peores de la historia! Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo, y el baile es repugnante, especialmente para los niños pequeños que lo ven en todo Estados Unidos y en el resto del mundo.” Sus palabras podrían no ser relevantes, pensando que no dicen nada nuevo: reiteradamente se expresa de esta forma. Pero, hubo una afrenta a él: un latinoamericano tuvo el valor de ir a cantar, al evento deportivo más importante de su país, y plagar de símbolos el contenido de su presentación. El evento artístico se convirtió en una protesta a las locuras del dictadorzuelo.

“¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?”, escribió Rubén Darío. Quizá, en nuestro tiempo la pregunta tendría que ser: ¿Tantos millones de latinos hablaremos español en la nación más poderosa del mundo? La respuesta es sí, y se hizo en el evento deportivo que tuvo 142.3 millones de espectadores, sin contar las miles de reaciones y comentarios que se han realizado en redes sociales. Bad Bunny, cantó en español, se presentó diciendo: “ser latino”. Dijo su nombre Benito Antonio Martínez Ocasio, al presentarse nos nombró y recordó nuestras raíces: prehispánicas y latinas, una cultura que se conforma de múltiples tradiciones; un lenguaje, el castellano, que esta conquistando un territorio, el norteamericano, que nos fue arrerbatado en el siglo XIX, y lentamente, con la palabra, volvemos a conquistar.

Lo que somos como naciones se ve descrito en las imágenes que aparecen y se superponen una atrás de la otra: agricultores de caña de azúcar, nos recuerda el pasado de explotación y colonialismo donde las compañías norteamericanas explotaban a las poblaciones y sus recursos naturales. Por eso, Bad Bunny, salió vestido de blanco: el también es campesino como nuestros campesinos; aparecen las escenas y recordamos lo que somos: el puesto de coco frío, los hombres jugando dominó, las mujeres haciéndose las uñas, otras construyendo una casa, un puesto de piragua, otro de tacos, compra y venta de oro y plata, hombres boxeando. Una casita, la casa Latinoamericana, donde todos son invitados y tratados de la misma manera. Casa de puertas abiertas a la memoria, a las pluralidades de nuestros países y a la esperanza de mejores tiempos.

El símbolo se complementa con el discurso, las palabras que canta Ricky Martín, nos mencionan el pasado y nos advierten de los que podría ser y no debemos de permitir: “Quieren quitarme el río y también la playa, quieren el barrio mío y que la abuela se vaya, no no suelten la bandera, no olviden el lelolai, que no hagan contigo lo que pasó en Hawai…” En tiempos donde las amenzas del imperialismo son latentes, solucionar nuestros problemas no se puede lograr a través de ceder nuestras libertades y soberanía, sino trabajando en común y teniendo como punto de partida todo aquello que somos.

“Ahora todos quieren ser latinos”, cantó Bad Bunny, y dejó claro que no es una confrontación ni tampoco el planteamiento: ustedes o nostros sino todos. Por eso aparecieron las banderas y fueron nombradas tadas la naciones que conforman América acompañadas de dos frases: una en el balón: “Together, We Are America” (Juntos somos América); y “Dios bendiga América” (“God Bless America”). El continente no es solo Estados Unidos sino todas las naciones con sus culturas e historia. La solución a nuestros grandes problemas fue anunciada en la pantalla del estadio, como un desafío y una posibilidad: “The only thing more powerful than hate is love” (“La única cosa más poderosa que el odio es el amor.”)

Hasta aquí Monstruos y Máscaras…

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