La pobreza afectiva es una forma de pobreza emocional y relacional que ocurre cuando una persona carece de amor, atención, apoyo emocional, cuidado y vínculos significativos, aún cuando sus necesidades materiales puedan estar cubiertas.

Cuando hablamos de pobreza, generalmente pensamos en la pobreza económica, aquella que impide el acceso a lo más básico, la que reduce la vida a la mera sobrevivencia y genera múltiples vulnerabilidades, sin embargo esa no es la única pobreza que existe, también está la pobreza afectiva.

Hace algunas semanas escuché a un antropólogo social referirse a las consecuencias que enfrentan quienes viven en pobreza afectiva. Esta forma de pobreza puede presentarse junto con la pobreza económica y se manifiesta en los deciles más altos de ingreso.

Es una pobreza de la que hemos hablado muy poco y frente a la cual hemos hecho poco. Porque aquello que no se nombra, que no se visibiliza parece no existir, y se desdibuja, se normaliza, se ignora hasta volverse objeto de indiferencia.

Hoy enfrentamos realidades que son consecuencia de múltiples factores, pero en muchas de ellas, está presente la pobreza afectiva. Comencemos por mirar la situación de las niñas, niños y adolescentes en nuestro país.

Las cifras son alarmantes, cada día desaparecen 29 niñas, niños o adolescentes; cada 11 horas es asesinado un menor de edad en nuestro país; cada hora, el crimen organizado recluta hasta cinco niñas, niños o adolescentes.

México ocupa el primer lugar mundial en producción de pornografía infantil; somos el segundo lugar en turismo sexual infantil; hemos escalado al segundo lugar mundial en consumo de pornografía por parte de mujeres, particularmente a través de dispositivos electrónicos.

Cada hora dos niñas, niños o adolescentes son víctimas de explotación sexual; de acuerdo con el INEGI, cada hora nacen alrededor de 11 bebés de madres menores de 18 años; nuestros adolescentes pasan más de siete horas al día frente a pantallas, en la mayoría de los casos sin supervisión adulta ni fines educativos.

Hoy en nuestro país viven cerca de 18 millones de personas mayores de 60 años, lo que representa alrededor del 14% de la población. Las proyecciones son aún más contundentes, para el año 2050, uno de cada cuatro mexicanos será adulto mayor.

Las cifras revelan una realidad incómoda, cerca de 47% de las personas mayores de 60 años viven en situación de pobreza en México, el 28.8 % de los adultos mayores carecen de acceso a seguridad social.

En México uno de cada seis adultos mayores sufre algún tipo de maltrato; aproximadamente 16% vive situaciones de abandono o violencia; alrededor de 1.7 millones de adultos mayores viven solos.

Bastaría una sola de estas realidades para obligarnos a hacer un alto en el camino y reconocer la urgencia de actuar, tanto en las causas como en las consecuencias.

Hacer lo que esté a nuestro alcance es el primer paso. Quizá sea insuficiente, pero elegir la indiferencia solo contribuye a profundizar la pobreza afectiva. En la pobreza afectiva, el abandono, la soledad y la desesperanza invaden la vida de las personas.

Y si estas son apenas algunas de las realidades que viven y padecen miles de niñas, niños y adolescentes en nuestro país, basta acercarnos también a la situación de muchos adultos mayores, quienes sobreviven entre el abandono, la invisibilidad y la falta de compañía.

Porque cuando no somos capaces de amar a la persona que vemos en el espejo, difícilmente seremos capaces de ofrecer afecto, respeto y compañía a quienes nos rodean.

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