No es uno, son millones 

Josefina Vázquez Mota

Cuando una peluquería baja sus cortinas, muchos mexicanos se quedan sin sustento. Lo mismo cuando un taller mecánico ya no pudo resistir más, cuando una micro o mediana empresa cierra sus puertas, detrás de ellos hay millones de afectados que ya están o estarán muy pronto en la desesperación y angustia de no poder llevar comida a sus hogares, con el dolor de un patrimonio destruido, producto del esfuerzo de toda una vida. 
 
Al abandonar a quienes generan empleos se abandona a millones de familias, porque si una estética baja sus cortinas, no solo padece el dueño, sino también quienes laboraban en ésta y los proveedores de los insumos que se utilizaban. 

Entonces la cadena productiva tendrá que disminuir su manufactura, o peor aún, cerrará también sus puertas. 
 
El no retorno de millones de estudiantes a clases sin duda tiene enormes desafíos de aprendizaje, cobertura y pertinencia que hoy se exacerban en el sistema educativo, pero también tiene otra variante que no se puede desestimar, y es la caída sin precedente de la matrícula en escuelas públicas, pero principalmente, en particulares. 
 
Casi la totalidad de estas escuelas deberán despedir a maestras y maestros, o en el mejor de los casos, ajustar sus ingresos a la baja para poder sobrevivir. Otras muchas cerrarán sus puertas, y la industria dedicada al sector escolar tendrá daños irreversibles, pues no se comprarán uniformes, útiles escolares ni se adquirirán insumos para la vida cotidiana de un centro educativo. 
 
La Asociación Nacional de Fabricantes de Artículos Escolares y de Oficinas, reportó que cerca de 8 mil papelerías han tenido que cerrar a consecuencia de la pandemia. 
 
Lo mismo sucede en la industria de la construcción, pues al disminuir el poder adquisitivo no habrá compradores de viviendas, y entonces, padecerán los fabricantes de tabiques y todos aquellos que hace realidad una casa, (albañiles, electricistas, plomeros, restauradores, jardineros), pues se quedarán sin empleo e ingresos. 
 
El desplome de la economía ha sido el mayor en 26 años. Tan solo en abril 12.5 millones de personas dejaron de percibir ingresos; la población económicamente activa disminuyó de 55.8 millones en marzo, a 43. 3 millones en abril, detalló el INEGI. 
 
Basta con asomarse al sector turístico y preguntar ¿qué hay detrás de cada puerta cerrada?, la respuesta, una inmensa fila de micros, pequeños y medianos negocios dejaron de existir o está en peligro, junto con millones y millones de empleos. En junio se perdieron cerca de 4.8 miles de millones de dólares por visitantes internacionales, pues dejaron de arribar 10 millones de turistas extranjeros, de los cuales 4.4 millones llegaban en avión; los otros 4.4 millones eran turistas fronterizos, y 1.8 millones lo hacían vía marítima. 
 
Y así, detrás de cada sector hay una cadena productiva en riesgo por cada puerta que se cierra o cortina que se baja, sobre todo, ante la falta de apoyos gubernamentales cuando enfrentamos la peor crisis de nuestras vidas en salud y economía. 
 
Negarse a instrumentar medidas urgentes como la reestructuración de plazos en el pago de los impuestos, o bien, desestimar la urgencia de un ingreso básico para quienes han perdido sus fuentes de ingresos, así como despreciar apoyos reales y robustos de quienes generan empleos, están provocando el empobrecimiento de millones de familias. 
 
Los argumentos de que estos apoyos solo benefician a conservadores y “fifís”, que por cierto se implementan en la gran mayoría de los países afectados por el 
Covid19, está destruyendo el presente y futuro de México. 
 
La pandemia no es culpa de nadie, pero la falta de respuesta gubernamental va a tener enormes costos no solo para esta generación, sino para todos aquellos cuyo único pecado es anhelar, querer emprender, desarrollar su talento y tener derecho a una oportunidad.   
 

Senadora de la República 
Partido Acción Nacional 

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