Hace apenas unos días, Adriana Marín, encargada de Comunicación Digital de Morena, declaró que "el crimen organizado genera entre 160 mil y 185 mil empleos al año".

Afirmaciones que revelan múltiples realidades. Por un lado la normalización de la violencia en amplios sectores de nuestra sociedad, por otro, la complicidad evidente entre actores y grupos políticos con la delincuencia y crimen organizado, contubernio indispensable para el poderío que tienen en nuestro país estos grupos y el grado de impunidad con que se manejan.

La declaración revela también la frialdad e indiferencia con las víctimas de violencias, despojo, amenazas, secuestros, desapariciones, cobro de derecho de piso y asesinatos.

Bajo está afirmación los criminales son indispensables para la generación de empleo, pues producen "bienestar", ignorando que existen otras fuentes de empleos con apego a la legalidad y que realmente contribuyen a la prosperidad y paz en las comunidades.

Más grave aún cuando quien ocupando una posición política lo afirma a los cuatro vientos y lo defiende. En esta narrativa los señores del narco y peores criminales hasta parecen "buenas personas" pues dan empleos, aunque estos sean los empleos de la muerte.

El reclutamiento de miles de niñas, niños y adolescentes para redes de trata, para ser entrenados como sicarios, halcones y todo aquello que para los criminales es necesario.

Las desapariciones forzosas en nuestro país se estiman en más de 133 mil personas, según datos del Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) y reportes de organizaciones civiles, provocan luto en miles de familias, una búsqueda incansable y de grandes adversidades, incluso el asesinato de madres buscadoras a las que el crimen quiere hacer a un lado.

Las extorsiones que hoy han llegado a niveles impensables, recientemente una mujer joven me comentaba que en su pueblo es un riesgo gigante llegar a la terminal de autobuses, pues cualquier día llegan las camionetas de los "malos" y a todas las mujeres que van bajando del camión les ordenan subir de inmediato, a punta de armas largas, a camionetas para llevarlas a donde nadie más las encontrará.

En esas mismas comunidades la extorsión va a "mitades", así que si alguien vende una vaca, hoy deben ser dos, una para dar los beneficios a los criminales, y otra, para quien ha trabajado fuerte para salir adelante. Así las realidades de horror y muerte se multiplican.

La llamada de atención de la Presidenta y las afirmaciones que se hicieron virales casi de inmediato, dan cuenta de lo que muy probablemente piensen y crean hoy cientos de personas.

Cada empleo de la muerte significa la muerte de muchas y muchos, la muerte de la paz, de millones de sueños y la muerte de la libertad. Trabajemos juntos por encima de cualquier diferencia para fomentar empleos que generen prosperidad, movilidad social y devuelvan la paz y libertades que los criminales también han secuestrado.

Si alguien duda del grado de descomposición que hoy enfrentamos, y de la urgencia de construir acuerdos para que los criminales no se sigan apoderando de las vidas, de los bienes, de las mentes y de las posiciones políticas, basta volver a leer y/o escuchar lo dicho por Adriana Marin.

En México nos urgen empleos en la formalidad, con la certeza de la legalidad, y lo último que necesitamos son los empleos de la muerte.

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