José Xavier Návar

El punk en México y cómo entenderlo

Lecturas de libros como “Jumping someone else’s train remix”, de José Hernández Riwes Cruz, tratan el tema

14/10/2022 |01:41
Redacción El Universal
Pendiente este autorVer perfil

De las muchas revistas, libros y fanzines del llamado punk mexicano, al menos tres merecen una lectura a profundidad, para entender un fenómeno que alguna vez aquí hasta fue una marca de zapatos.





México punk treinta y cinco años de rebelión juvenil, del Panchito, Álvaro Detor Escobar (El Toluco) y Pablo C. Hernández, es uno para dar contexto de una historia nacional, complementada por el trabajo sociológico de Carlos Feixa y Francisco Valle (Mierdas punk, El Iti), para llegar al más reciente: Jumping someone else’s train remix, de José Hernández Riwes Cruz, que reflexiona sobre el revival post punk nacional, con el auspicio de la tienda Las Venas Rotas y la editorial y el foro No somos nada.

Se trata de hacer una compilación —y esto la ha promovido el también maestro e investigador de la UAM Azcapotzalco— Hernández Riwes, de uno de los momentos álgidos del rock marginal nacional en torno a una escena oscura y poco documentada en México y otras latitudes latinoamericanas.

Club El Universal

Su curaduría abarca una gran parte del rock mexicano, de ese tan poco entendido y que es necesario conocer para contextualizar su desarrollo.

Referido a la escena new wave, post punk, goth y derivaciones sonoras, el libro tiene una sólida base de sustento en las teorías y avances musicales de críticos británicos como Simon Raynolds, referencia obligada para entender los fenómenos punk rock y su retromanía, fenómeno post y golpes a punta de rayo del glam rock.

Un estacionamiento obligatorio en la lectura son los Sex Pistols y un vistazo anómalo de paternidad debido a los Ramones. Las identidades sonoras se mezclan con ciertas mitologías mediáticas de nuestro rock, tan poco estudiado en cuanto a tendencias, bifurcaciones y revivals, en la escena oscura.

Otras transformaciones de estos sonidos estéticos ataviados de modas negras le toman el pulso a sonidos psicodélicos, progresivos, grunjeros y garacheros, que han tenido que ver con ciertas caras que nunca ha dejado de mostrar el punk, en una de sus mecas: el Tianguis Cultural del Chopo, con personajes y grupos emblemáticos de un imaginario físico que nunca fue apoyado por las grandes disqueras, y que sólo se consigue alternativamente y sólo en contadas ocasiones.

En 1978, el libro de Juan Carlos Kreimer, Punk la muerte joven (Bruguera), dejó una estela de datos y conocimientos sobre el punk que, adaptados a la cultura mexicana, superan las casi 400 páginas de una historia documentada hasta donde pudieron llegar sus autores en 2011. De ahí se retoman en otras historias de punk rockers nacionales con bandas de Neza, como la de Los Mierdas Punks.

También otros relatos en forma de documentales a modo como Aquí no pasaba nada, sobre los inicios de dangerous rhythm, no cierran la pinza por lo complaciente y tramposo de su tratamiento.

En el contexto de cine documental de punk (sobre todo el registrado en Nezayork), se ha corrido con más suerte, sobre todo en el ejercido en la periferia de la CDMX y de los que se ha dado fe e historia en esta Neblina desde hace tiempo.