Todo parece indicar que la cacareada reforma electoral se les ha complicado. Como suele decirse “se les hizo bolas el engrudo”. Con su híper mayoría anticonstitucional en la Cámara de Diputados pensaron que todo sería “coser y cantar”. Quizá todavía la saquen adelante, la necedad, piensan algunos, es una virtud, pero por lo pronto se han abierto más frentes de los esperados.

Los propios aliados de Morena, los partidos del Trabajo y Verde Ecologista, no desean suicidarse y por ello la pretensión de acabar con plurinominales en diputados y senadores e incluso con los senadores de la primera minoría, no lo ven más que como lo que es: una pistola en la sien, diseñada para deshacerse de las minorías y sobrerrepresentar a la mayoría. Si a ello le sumamos la intención de reducir sensiblemente el financiamiento a los partidos, las reservas no hacen sino aumentar. Si se tratara únicamente de una lógica política no habría (creo) manera de convencer a esos leales aliados a ceder para alinearse al gobierno y Morena. Pero, dados los antecedentes, bien pueden colocarse en la mesa de negociación otros asuntos que compensen a las direcciones de esos partidos.

La Comisión Presidencial encargada de la propuesta de reforma al parecer tampoco ha hilado muy fino, ha escuchado poco y mal, y en las propias filas de Morena no faltan los que tienen apreciaciones distintas e incluso encontradas. La idea de que diputados y senadores del partido mayoritario son un ejército disciplinado y sometido a la voluntad del Ejecutivo (como en efecto lo han sido), muestra algunas cuarteaduras, y al parecer (nótese la especulación) algunos esperan que la iniciativa llegue a las cámaras para meterle mano.

Además, ya existe una iniciativa de reforma de un nutrido grupo de ciudadanos, que han reunido las firmas suficientes, certificadas por el INE, y que debe ser dictaminada. Y el propio Instituto ha presentado un listado amplio y ambicioso que debería ser considerado por el Congreso.

Sobra decir que los partidos opositores, hasta ahora ninguneados, tienen mucho que decir, máxime que tal y como se han filtrado algunas de las pretensiones gubernamentales, serían los principales afectados. Y aunque en minoría no dejan de estar presentes en ambas Cámaras, lo que supone que por lo menos cuentan con voz para desmontar una a una las pretensiones antidemocráticas que por lo menos en las tres iniciativas anteriores del expresidente López Obrador dibujaban un sistema electoral para la mayoría momentánea y el gobierno.

Si lo anterior fuera poco, en el entorno internacional, no son pocos los indicios de una preocupación cada vez mayor por lo que sucede en nuestro país. En el mundo democrático, hoy disminuido por la expansión de autoritarismos de diferentes coloraciones ideológicas, se toma nota del viraje de México hacia un esquema vertical, concentrador del poder, que ha desvirtuado al Poder Judicial y deformado la representación en el Congreso. Esos, que, desde el poder, se proclaman como triunfos, no dejan de ser señalados, cada vez más, como un retroceso hacia fórmulas políticas incapaces de vivir y convivir con la diversidad política.

Si hubiese un poquito de sensatez, si la sensibilidad y los resortes democráticos no estuvieran tan atrofiados, lo mejor sería dejar para otros tiempos la proclamada reforma electoral. El otro camino sería el de abrir una auténtica ronda de diálogo y negociación en el Congreso que al final dejara satisfechas a las diferentes corrientes políticas que modelan al país. Pero…

Profesor de la UNAM

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios