En diversas universidades de los Estados Unidos se han producido expresiones de apoyo a Palestina que en algunos casos han sido reprimidas. Han aparecido brotes similares en universidades europeas y en la UNAM se ha instalado un campamento. El perfil de esas movilizaciones se está construyendo y su sentido dependerá de qué tipo de “anti” será el hegemónico. Por lo pronto, se aprecian tres pulsiones, que vale la pena distinguir porque algunas son amenazantes. Intento explicarme.

1. Contra la política israelí y específicamente contra el gobierno encabezado por Netanyahu. Se trata de una reacción contra la entrada del ejército israelí a Gaza que no ha distinguido entre los autores intelectuales y materiales de los actos terroristas del 7 de octubre y la población civil. La devastación de ese territorio, los miles de refugiados, el número de muertos y heridos, son poderosas causas para generar una reacción de repudio. Incluso en Israel se han producido potentes manifestaciones contra esa política y quien la encabeza, el primer ministro Netanyahu. (Por cierto, no estaría de más que quienes reprueban esa política hicieran algo similar con los abominables actos terroristas de Hamas).

2. Contra el sionismo. El sionismo desde fines del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX fue una corriente político-ideológica dentro del mundo judío que planteó la necesidad de construir un Estado propio por los recurrentes estallidos de antisemitismo (pogromos) y dado que la existencia de un pueblo sin territorio era una anomalía. No siempre fue la corriente hegemónica, tiene una larga historia y en su seno tendencias muy diversas (de derechas e izquierdas con todos sus matices), pero creo que paradójicamente lo que acabó potenciándola fue el Holocausto, el asesinato masivo de 6 millones de judíos europeos a manos de los nazis. Israel fue fundado en 1948 por una resolución de las Naciones Unidas en lo que había sido un “mandato” británico. Isaac Deutscher escribió: “es como si un hombre saltara del tercer piso porque su edificio está quemándose y cayera sobre quien está parado en la banqueta”. Y a partir de ahí iniciaran una disputa sin fin. Lo cierto es que el sionismo construyó una realidad, el Estado de Israel, con casi 10 millones de habitantes y 76 años de existencia y solo desde el delirio criminal alguien puede pretender su destrucción (como Hamas).

3. Antisemitismo. El odio contra los judíos no es nuevo, pero a estas alturas del siglo XXI deberíamos saber lo que puede desatar. Cuando una joven estudiante llama a expulsar de la UNAM a los “sionistas”, en sus dichos reverbera la modalidad más reciente del antisemitismo. Dado que decir que hay que expulsar a los judíos está más que mal visto (y con razón), los nuevos antisemitas llaman a todos los judíos sionistas y creen que eso resulta menos escandaloso y aceptable. Se esconden en un disfraz transparente.

Pues bien, los resortes 2 y 3 son inaceptable y preocupantes. El 1 es entendible y compartible. No olvidemos que una cosa es Israel y otra su gobierno, de la misma manera que una cosa es Palestina y otra Hamas. El pueblo palestino y el israelí tienen derecho a contar con su propio Estado. Y a ese acuerdo llegaron en 1995 el gobierno de Israel y la Organización para la Liberación de Palestina entonces encabezada por Arafat. ¿Y saben quién saboteó desde el inicio ese acuerdo? Hamas que siguió realizando actos terroristas. Mientras Netanyahu acudía a las marchas contra el acuerdo de paz.

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