Amado líder

José Woldenberg

Explotación de una retórica que dice y sugiere que él es una especie de salvador

Empiezo el año leyendo a Diego Fonseca en su libro Amado líder. El universo político detrás de un caudillo populista. HarperCollins. México. 2021). Apenas he leído unas cuantas páginas, pero me he topado con la enumeración de características de una realidad que seguramente no le será ajena al lector. Veamos (lo cito textualmente pero totalmente tasajeado):

“Todo movimiento populista/ (requiere) un caudillo carismático/ feligresía como movimiento/ margen para que coexistan activistas con agendas específicas y hasta competitivas…para elegir que ideas privilegiar/ Amado Líder ordena la vida pública alrededor de su voluntad demandando atención permanente/ termina concentrando toda la energía sobre sí mismo/ (utiliza) un discurso beligerante que atribuye los grandes problemas nacionales a la acción de élites políticas y económicas…/ El caudillo no busca acuerdos, sino la exacerbación de los ánimos para presentar los problemas en términos apocalípticos y ofrecerse como su único salvador/ debe crear una realidad paralela/ descontextualiza y organiza un nuevo marco conceptual/ niega la evidencia empírica/ rechaza el discurso experto, la legitimidad del periodismo y el método científico/ la realidad es asunto de opinión, de relatos en competencia y nunca de hechos/ crea un mundo a su medida e inyecta verdades alternativas/ Todo es objeto de fabricación, manipulación e invención y lo que no coincida con la visión de Amado Líder será señalado con el dedo: fake news/ demandará tomar decisiones privilegiando su relación directa -apostólica- con El Pueblo, copando y minando los sistemas de representación/ evitar las legislaturas y gobernar a golpe de decretos y órdenes ejecutivas/ exigirá la lealdad incondicional de todos los funcionarios/ el discurso independiente de los medios será censurado o perseguido/ se atribuirá a la intelectualidad un valor negativo/ la ciencia acabará controlada y reemplazada por el conocimiento mundano… del hombre común/” (p. 21-23).

El libro, en el apartado que cito, no se refiere a México, aunque sería mejor decir no solo a México, y explora el mundo que construyen los líderes populistas. Pero al leer esas pocas páginas me pareció que lo que nos está sucediendo había encontrado un espejo: un presidente autoproclamado como la representación sin mediaciones de El Pueblo, millones de seguidores que han depositado en él su confianza y un número más reducido que lo hace con devoción, un amplio paraguas que cobija a “izquierdas y derechas, conservadores y progresistas”, exmilitantes de todos los partidos y personas sin afiliación previa, un narcisismo exacerbado que quisiera ocupar toda la escena pública en forma permanente, proclamas simplistas incapaces de comprender la complejidad de los profundos problemas nacionales, explotación de una retórica que dice y sugiere que él es (y solo él) una especie de salvador, un diseñador de realidades sin contactos firmes con las evidencias como si las opiniones pudieran sustituir a los hechos, distanciado lo mismo del conocimiento como de cualquier otra voz que no replique la suya, refractario al periodismo crítico y a reconocer la pluralidad política que legítimamente existe en el país, hostil al resto de los poderes constitucionales, proclive a desnaturalizar las normas a través de decretos y dictados, exige lealtades incondicionales de los subalternos (todos lo son).

¿Podremos tener así un buen año?
 

Profesor de la UNAM.
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