En los próximos días saldrá a la circulación el segundo libro escrito por Andrés Manuel López Obrador siendo presidente de la República, con el título “A la mitad del camino”, el cual consta de cuatro capítulos: El primero es “El presente”, el que estamos ahora viviendo. El segundo trata sobre Política Exterior, “El respeto al derecho ajeno es la paz”. El tercero está dedicado a los opositores, “No se van a aburrir, ¡eh!” y el cuarto es “El porvenir”.
Con respecto al tercer capítulo AMLO ya le había anticipado a sus adversarios que no habrían de aburrirse, y cómo hacerlo con tantas modalidades introducidas por la Cuarta Transformación, como el acudir reiteradamente a las urnas, ahora la convocatoria se dirige a ejercer la “revocación de mandato”, consistente en confirmar justo a mitad del camino si estamos de acuerdo con que el Presidente concluya los seis años por los que 30.1 millones de ciudadanos le otorgaron su mandato constitucional. O sea, votaremos para saber si estamos de acuerdo con que se cumpla con lo que ya votamos. Para que sea vinculante el ejercicio programado habrá de alcanzarse el 40% de participación ciudadana, lo cual en caso de lograrse, podrían ser menos sufragios que los recibidos por AMLO en la elección presidencial, es decir, una cantidad menor de votos a los logrados en 2018 podrían revocar el mandato del Ejecutivo. Y en el muy probable caso de que no se complete el mínimo de votos requeridos para que la consulta sea vinculante, reflejaría una apatía hacia esta innovadora ocurrencia. Y en el remoto caso de que se alcance el 40% de votos y la mayoría se haya inclinado por que el Presidente se vaya a su rancho, ¿AMLO dócilmente acataría la voluntad del pueblo sabio y claudicaría del momento estelar que vivimos, sin supervisar la conclusión de las magnas obras sexenales programadas para ser concluidas justamente en la parte complementaria del sexenio? Y entonces, ¿entraremos al entramado de elecciones en las que el pueblo es reemplazado por la voluntad del Congreso que conferiría el poder a algún sustituto cuya visión de gobierno podría diferir de la del Presidente electo democráticamente en las urnas para un periodo definido a partir de diciembre de 2018? Además, y por allí podríamos haber empezado, la reforma de revocación de mandato aludida, publicada en 2019, contraviene el Artículo 14 constitucional: “A ninguna ley se dará efecto retroactivo en perjuicio de persona alguna”. Más de treinta millones de ciudadanos otorgaron su voto a Andrés Manuel López Obrador para ser presidente de la República por un periodo sexenal, sin contemplar que su mandato pudiera ser revocado.
Ejercicios populistas recientes de revocación de mandato se llevaron a cabo en la Venezuela de Hugo Chávez en 2004 y en la Bolivia de Evo Morales en 2008, éstos tienen como cometido el refrendar en la retentiva colectiva la imagen del líder querido y admirado, el visionario guía que conduce al pueblo por el sendero del progreso y prosperidad.
AMLO solicita el voto ya obtenido tres años atrás, ese ya lo tiene, el voto que no tiene es precisamente el que ni quiere y a nadie conviene, el de revocación de mandato.
Analista





