Que la presidenta Claudia Sheinbaum se reúna con ocho economistas de primer nivel para analizar y corregir el rumbo de nuestra economía y días después con el gremio bancario, acompañados de la gobernadora del Banco de México, para abordar opciones de financiamiento para llevar a buen puerto el Plan México, no es un gesto menor ni protocolario, es en el fondo, un reconocimiento tácito de algo que ya no se puede ocultar: México está atrapado en un letargo económico. La presidenta busca la palanca para poner en movimiento la estancada economía del país. La incómoda pregunta es ¿por qué México no crece?
Los economistas convocados pusieron el dedo en la llaga. El crecimiento del PIB ha sido bajo durante décadas y peor aún, ha venido perdiendo impulso de manera persistente. No se trata de un tropiezo coyuntural, sino de un estancamiento estructural. La economía avanza, sí, pero lo hace con una parsimonia desesperante. El empleo no crece con fuerza y, cuando lo hace, suele concentrarse en actividades de baja productividad, lo que limita cualquier posibilidad de desarrollo sostenido. México ya supo crecer, lo hizo durante el periodo del desarrollo estabilizador, cuando la inversión, la industrialización y la planeación económica marcaron el rumbo. Desde entonces el país no ha logrado reencontrar una senda de crecimiento vigoroso y continuo. La inversión pública ha perdido dinamismo y la privada se ha movido con cautela ante la incertidumbre regulatoria y jurídica. A ello se suma el empuje exportador que, aunque relevante, ha sido insuficiente para compensar el letargo interno. El resultado ha sido una desaceleración prolongada del PIB. Se enfatizó en la necesidad de crecer, detonando una alza elevada y sostenida de la inversión, lo cual en automático generaría empleos. La incertidumbre en torno al TMEC y la política de Estados Unidos nubla casi todo proyecto, al igual que el devenir en la práctica de la reforma judicial, de la evolución de la inseguridad física, de la certeza de la legislación tributaria y de las requeridas reglas claras respecto al financiamiento bancario.
Afortunadamente hay luces en el panorama, en 2025 México alcanzó un récord exportador, impulsado por el comercio con Estados Unidos y el nearshoring. Buena noticia, pero insuficiente. Las exportaciones por si solas no arrastran al resto de la economía si no van acompañadas de inversión, productividad e integración interna. En este contexto, el papel de Pemex resulta revelador. Con respecto a los envíos de petróleo a Cuba, ¿es una decisión estratégica del Estado mexicano o una determinación unilateral de la empresa petrolera? La respuesta no requiere mayor análisis, Pemex nunca enviaría combustible a otro país sin la venia presidencial, máxime en condiciones preferenciales. Ya imagino a Pemex enviando petróleo a Perú o a Ecuador por sus pistolas.
El mensaje de fondo es inequívoco, la presidenta Sheinbaum reconoce que México está económicamente estancado. Convocar a economistas, banqueros y autoridades financieras, no es un gesto académico, sino la admisión de que el modelo vigente no está funcionando. El país no crece, la inversión no despega y el tiempo político corre. Identificar el problema es apenas el primer paso, resolverlo exigirá decisiones incómodas, rupturas reales y algo que ha escaseado por años: crecimiento.

