Por callar y por opinar

José Rubinstein

De la reprimenda presidencial hacia sectores minoritarios, cómplices silenciosos durante 36 años del periodo neoliberal, que le apostaron al saqueo y a las privatizaciones en contra del pueblo, podría inferirse la apertura del actual gobierno transformador a ser abiertamente criticado y censurado. Por lo mismo, no checa ser reprendido por haber callado en el neoliberalismo y ahora serlo por opinar en el periodo transformador. En tal contexto se llevó a cabo el web cast organizado por el Wilson Center sobre la libertad de expresión y la prensa bajo la administración de AMLO, en donde Héctor Aguilar Camín expresó “La actitud del gobierno y del Presidente es de contener, amedrentar, disminuir, callar o modular la opinión crítica que su gobierno está recibiendo… el Presidente abiertamente estigmatiza, critica, descalifica, insulta a la prensa que cuestiona a su gobierno, como una prensa corrupta, conservadora, que está al servicio de los peores intereses del país”. En su oportunidad Jorge Castañeda declaró que López Obrador estigmatiza individuos y sus publicaciones. Nexos es un caso icónico, pero lo ha hecho con Reforma, atacó al Financial Times por un editorial” en el que señaló que López Obrador se enfila a ser la nueva figura del autoritarismo en América Latina, un “caudillo autoritario” exigiendo “lealtad ciega”. Al respecto, en su réplica al Financial Times, AMLO señaló a dicho diario por impulsar el hoy fracasado modelo neoliberal y hoy en vez de cuestionar al actual modelo alternativo en lo económico, social y político, debería ofrecer disculpas por haber apoyado un modelo fallido, habiendo abandonado al pueblo.

La holgada popularidad presidencial es indudable, oscila en el 60% de aceptación, no obstante, invariablemente es conveniente sumar voluntades, ningún aliado sale sobrando. En cuanto a los proyectos emblemáticos de la actual administración, AMLO va derecho y no se quita, mostrándose satisfecho por la implantación de sus asistenciales programas sociales, orgulloso con la creación de nuevos organismos oficiales y la disolución de otros, ufano de la solvencia económica de la hacienda pública tras haber enfrentado la pandemia apoyando a los de abajo sin necesidad de haber contraer deuda, optimista con la inversión y planes a desarrollar conjuntamente con la iniciativa privada, complacido por las remesas record provenientes de nuestros migrantes y principalmente gozoso por los resultados de la cruzada contra la corrupción.

Mención aparte merece la doblegada Suprema Corte de Justicia al haber claudicado de lo jurídico en favor de lo político, sometiéndose mayoritariamente a la voluntad presidencial, al constitucionalizar la solicitud de consulta popular para juzgar a cinco expresidentes de la República. Consideramos que si alguno de ellos cometió un delito concreto debe ser juzgado, sin necesidad de consulta popular alguna —los delitos de los tres primeros ya prescribieron—, pero echarlos en bulto en un mismo costal sin acusaciones precisas, por haber asumido decisiones políticas sujetas a interpretación, figura un circo romano. En esta aberración jurídica sobresale el afán de exhibir y desacreditar a figuras públicas del pasado, electas democráticamente, junto con sus respectivos partidos políticos. En un país de leyes, éstas se aplican sin distinción, no cabe la alusión de que “por encima de la ley está el pueblo”, más bien debe prevalecer que “nadie por encima de la ley”.

Analista político. @JoseRubinstein

 

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