Pandemia

José Rubinstein

Lúgubres capítulos de la historia universal relatan aciagas plagas que azotaron a la humanidad a través del tiempo, sin faltar quienes adjudicaran dichas catástrofes como castigos a pecados, soberbia, egoísmo y excesos de desenfrenadas sociedades.

Destaca la creencia de que nuestra generación ha avanzado probablemente lo que las anteriores juntas. Basta mencionar la intercomunicación mundial, la telefonía móvil, internet, google, Siri, Alexa, drones, autos sin conductor, desarrollo en tecnología y ciencia, especialmente medicina. En ningún momento nos hemos sentido vulnerables ante alguna inesperada contingencia viral.

Es así como de la nada, un día cualquiera, nos enteramos del surgimiento en Wuhan, en la lejana China, de un peligroso virus nombrado coronavirus. De manera expansiva la bola de nieve ha cubierto prácticamente al planeta, dejándonos pasmados ante este aún indefendible infortunio, quedando todos expuestos, sin refugio seguro. Nos convertimos en rehenes de las noticias, ajustamos nuestras actividades, nos lavamos las manos y nos las volvemos a lavar, nos aislamos, que nadie se acerque ni nos toque, hemos dejado
pendiente los pendientes.
 
Un lustro atrás, en una charla TED, Bill Gates previno que el mundo no está preparado para una pandemia: “El mayor peligro para la humanidad no es una guerra nuclear, si algo puede matar a 10 millones de personas en las próximas décadas es probablemente un virus altamente infeccioso”. En posterior conferencia, en Massachusetts Gates insistió en su preocupación por la llegada de una mortífera epidemia capaz de impedir que nuestra raza sobreviva a una nueva y letal enfermedad, “Hay un área en la que el mundo no ha progresado mucho y esa es la preparación para enfrentar pandemias”. Abundó Gates en la facilidad de que un agente desconocido desarrolle una forma letal de viruela en un laboratorio que diezme a la población mundial en un abrir y cerrar de ojos. Gates entonces presentó una simulación de una forma de gripe similar a la que mató a 50 millones de personas en 1918 -Gripe Española- que hubiera podido matar en 2018 a 30 millones de personas[JR1] . Gates conminó a líderes mundiales a crear planes para contener el avance de posibles epidemias.

Independiente a severas medidas sanitarias por el coronavirus, distintos países han adoptado decididas acciones de apoyo. La Reserva Federal de Estados Unidos prácticamente anuló sus tasas de interés, con un programa de recompra de bonos por 700 mil millones de dólares, con un paquete de estímulo fiscal de 850 mil millones de dólares, con cheques para ciudadanos y liquidez para mercados financieros. Francia destinará 300 mil millones de euros para el salvamento de empresas, asumiendo el Estado el pago de créditos bancarios contraídos, se suspenderá el pago de impuestos, luz, agua, gas y alquileres. España estableció una moratoria de 6 meses para el pago de impuestos a Pymes y trabajadores autónomos. Italia impulsará el paro de impuestos, ayudando directamente a los sectores afectados. Alemania prometió liquidez ilimitada a las empresas, sin un tope máximo.

La posición oficial de nuestro gobierno con respecto al combate del aludido virus ha sido de mesura. El presidente López Obrador se ha mostrado optimista al respecto: “Infortunios como las pandemias no nos van a hacer nada, ya que con el combate a la corrupción habrá recursos para sacar adelante al país”. Cierto, la fe es un estimado aliado, pero pensar que esta pandemia puede enfrentarse con amuletos y estampas, cuando menos, es desorbitado.

Estamos en una situación sin precedente, el aire es nuestro enemigo, las economías se colapsan, el orden institucional queda expuesto.

La pandemia es cosa seria.         

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