País idílico

José Rubinstein

A dos años de asumir el poder, en lo que propiamente fue su octavo informe a la nación, Andrés Manuel López Obrador dio cuenta de haber sentado las bases de la transformación del país, ufano de contar con el respaldo del 71% de los mexicanos, refiriéndose a un país idílico en el que todos quisiéramos vivir.

El Presidente se preció de haber sorteado exitosamente la adversidad del coronavirus aplicando estrategias no convencionales y haber enfrentado la crisis económica desechando las recetas neoliberales que endeudaban al pueblo para rescatar a los de arriba. “Ahora se respeta la Constitución, hay legalidad y democracia, se garantizan las libertades, el derecho a disentir, hay transparencia, no se censura a nadie, no se violan los derechos humanos, no se reprime al pueblo, no se organizan fraudes electorales desde el poder federal”. Enfatizó AMLO en haber recibido un sistema de salud en ruinas. Asimismo insistió haber avanzado en el combate a la violencia, exceptuando el homicidio doloso, feminicidios y extorsión. Se jactó AMLO de haber ahorrado en el bienio 1 billón 300 mil millones de pesos derivado de la política de austeridad implantada, correspondiendo 700 mil millones a la evasión fiscal. Declaró el presidente que de los 100 compromisos asumidos al inicio del gobierno, sólo quedan tres pendientes.

López Obrador se mantiene en altos niveles de aceptación —sobre 60% en otras recientes encuestas— aun en este excepcional año que atravesamos —que nos atraviesa— principalmente por su estilo personal de acercamiento con la gente, mediante el cual ha logrado establecer entre ambas partes un indisoluble vínculo, de tal manera que quien se mete con AMLO lo hace con sus seguidores. Aun desde el poder, López Obrador expone públicamente situaciones en las cuales él resulta el afectado, la víctima de determinada situación, siendo el caso más sonado el fallido desafuero promovido por Fox en 2005, el “complot” contra el entonces jefe de gobierno del Distrito Federal, episodio que catapultó al tabasqueño a niveles presidenciales. Hoy, AMLO, poseedor del micrófono nacional, se lanza mañaneramente contra sus adversarios neoliberales, conservadores y medios de comunicación, guarecido en su atribuido derecho de réplica, designándose como el presidente más atacado desde Madero.

Inaceptable sentirse satisfechos de la estrategia no convencional aplicada contra el coronavirus con alrededor de 1 millón 150 mil casos confirmados y sobre 108 mil decesos a la fecha. Improcedente actitud de vencedores del virus cuando el director general de la Organización Mundial de la Salud exhortó a México a tomarse en serio la pandemia, estando entre los peores países del mundo en toda medición al respecto. Inadecuado no predicar con el ejemplo en el necesario uso del cubre bocas, ¿cómo pedirle al pueblo que lo use y se proteja, cuando la máxima autoridad lo subestima? Hugo López-Gatell, es usted un pésimo orientador presidencial.

Coincidimos todos, incluidos neoliberales y conservadores, la corrupción es un lastre que urge amainar al máximo. En tal sentido la 4T va por el rumbo correcto, falta convencer que los cercanos no están por encima de la ley. Y qué decir cuando México aparece en el sitio 130 de 180 en el Índice de Percepción de la Corrupción?

El reto es transformar lo idílico en real.
 

Analista político.
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