¿No intervención?

José Rubinstein

Conmemoramos 211 años de la iniciación de la Independencia de México impregnados de la euforia transformadora de un régimen convencido de su patriótica y redentora misión.

México independiente celebra compartiendo la tribuna con el Presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel. La remembranza  de nuestra libertad es exclusiva, ni se comparte ni se transfiere a ningún dignatario extranjero, se trata de nuestra historia, nuestra identidad, nuestro destino. Y aun así, otorgando sin conceder  que México es indistintamente amigo de todos los países del mundo, Cuba significa controversia, es una totalitaria y represiva dictadura comunista  emanada de la Revolución castrista de enero de 1959, el país rebelde del continente que ha mantenido en jaque a Estados Unidos a pesar del bloqueo económico que estoicamente ha soportado desde 1962. Cierto, México es un país libre y soberano que no tiene que rendir cuentas a nadie, que “no es lacayo de nadie”, pero ¿era conveniente restregarle  públicamente nuestra empatía con Cuba a nuestro principal socio comercial con quién además compartimos una extensa frontera común? ¿Era éste el foro adecuado para abordar el delicado tema de Cuba?

Previo al desfile militar, Díaz Canel hizo apología de la entrañable relación de hermandad entre Cuba y México tejida a través del tiempo, resaltando que en México se gestó la revolución cubana, rememorando cuando  Fidel Castro y el Che Guevara junto con un grupo de 80 seguidores zarparon desde Tuxpan a bordo del Granma en noviembre de 1956 hacia Cuba a luchar por la revolución. Resaltó el presidente cubano la difícil situación en la isla tras 60 años de sufrir el embate de un bloqueo decretado por Estados Unidos, recrudecido por la pandemia. Agradeció  la inalterable solidaridad de México con el pueblo cubano enviando alimentos y medicamentos en situaciones apremiantes, fraterno ante la agresiva campaña de odio, desinformación, manipulación y mentiras en contra de Cuba.

El presidente López Obrador pronunció un discurso  elocuente,  crítico, definitorio e incluso temerario, respaldando plenamente a Cuba, un pueblo que ha sabido defender su dignidad sin sometimiento, viviendo en libertad sin permitir la intromisión extranjera. La Revolución Cubana merece el premio de la dignidad, puede ser considerada la Nueva Numancia por su ejemplo de resistencia. Cuba debiera ser declarada “patrimonio de la humanidad”. Llamó López Obrador  respetuosamente al gobierno de Estados Unidos a levantar el bloqueo a Cuba, porque ningún Estado tiene el derecho a someter a otro, las naciones no deben aprovecharse del infortunio de otros países. Esta perversa estrategia si tuviera un probable éxito, se convertiría en un triunfo pírrico, vil y canallesco. Sentenció López Obrador: Así como el presidente Carter devolvió el Canal a Panamá, el presidente Biden debe poner fin a la política de agravios hacia Cuba. Y eso que aplicamos la no intervención.

Mañana se inaugura la V Cumbre de la Comunidad de Estados de América Latina –CELAC- en Palacio Nacional con la asistencia de 17 presidentes, 2 vicepresidentes y 9 cancilleres de la región. López Obrador junto con otros mandatarios afines  apoyarán reformar o desaparecer la OEA, creando un nuevo organismo que no sea instrumento de Estados Unidos.

¿Y los derechos humanos en Cuba, la represión, los presos de conciencia, las ejecuciones, la censura, las elecciones libres, la libertad de tránsito, la restricción a las redes sociales, y…?          

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