El actual régimen de Andrés Manuel López Obrador ha redimido la habitual política exterior sustentada en la Doctrina Estrada, privilegiando los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos, mismos que han sido aplicados dependiendo de la apreciación de los distintos gobiernos en turno. Lázaro Cárdenas tomó partido durante la dictadura de Francisco Franco a favor de españoles republicanos, concediéndoles asilo. Miles de chilenos y argentinos que en los años de 1970 y 1980 escaparon de las dictaduras en sus respectivos países fueron recibidos en México. Luis Echeverría solicitó en 1975, en las postrimerías del régimen de Franco, que España fuera expulsada de la ONU por la ejecución de 5 personas a garrote vil. José López Portillo intervino en la caída de Anastasio Somoza en Nicaragua. Los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón sostuvieron abiertas controversias con los regímenes de Cuba y Venezuela. Con Enrique Peña Nieto, México mantuvo un reconocido liderazgo regional dentro del Grupo de Lima contra la Venezuela de Maduro. Aun López Obrador en su ortodoxia de no intervención, acogió sin reparos a Evo Morales, el presidente de Bolivia que intentó extender sus tiempos en el poder, proporcionándole un avión oficial que lo trajese a nuestro país en calidad de asilado y amigo.

En el actual globalizado y convulsionado mundo, difícilmente es posible abogar por los derechos humanos evitando emitir juicios contrarios a los gobiernos que los violan, sin embargo, en la presente administración, la cancillería se ha valido de dicha doctrina para no impugnar gobiernos dictatoriales como sucede con Venezuela, donde la postura de México dió un giro radical.

Ahora se trata de Cuba, la diminuta isla continental que ha mantenido en jaque a Estados Unidos por más de seis décadas, insubordinada y bloqueada, desafiada y obstinada, con una población heredera de una Revolución a la que la mayoría de habitantes no asistió y que a pesar de las carencias económicas deben mostrarse orgullosos del perseverante régimen comunista que en lo material poco les ha aportado. Cuba enfrenta una espontánea sublevación no vista desde 1994, motivada por una serie de concurrentes adversidades: el reforzado bloqueo económico de Estados Unidos, la agudizada pandemia, las largas colas para abastecerse de alimentos, los constantes cortes de luz por averías en varias centrales, el Banco Central se niega a recibir dólares en efectivo por la dificultad de usarlos, el turismo prácticamente ha desaparecido, además de que las remesas familiares a la isla quedaron prohibidas por Trump. A su vez Biden coloca a Cuba dentro de los paises promotores del terrorismo con participación en la trata de personas.

Al respecto, López Obrador se mostró opuesto al bloqueo económico a Cuba, violatorio de los derechos humanos y contrario a la fraternidad universal, cuestionando la desproporcionada difusión dada a los acontecimientos y exhortando a respetar los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos. La censura presidencial referente a la intervención de Estados Unidos en Cuba, justamente interviene en la política asumida por otro país, es decir, interviniendo a favor de la no intervención.

Analista

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