Informe del informe

José Rubinstein

     Inició el mes de la Patria con el antes llamado día del presidente, ocasión de rendición de cuentas  sobre el estado general de la administración pública. El ritual del informe presidencial , fecha entonces marcada en el calendario cívico como festiva,  fue perdiendo solemnidad, hasta que en 2006 al presidente Vicente Fox se le impidió rendir su Sexto Informe por el grupo parlamentario del PRD que tomó la tribuna parlamentaria. A partir de entonces el informe es entregado por escrito al Congreso por el secretario de Gobernación, en tanto que en forma alterna, el presidente en Palacio Nacional se dirige en un informe del informe  a un limitado grupo de fieles, a cambio de adhesión y aplausos.

     El Segundo Informe de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, austero – 60 invitados- y breve -47 minutos- estuvo cargado de autoelogios – “No es para presumir, pero en el peor momento contamos con el mejor gobierno”-, a pesar de enfrentar simultáneamente una aguda recesión  económica y la peor pandemia del último siglo. De los buenos deseos a los hechos  consumados hay un largo trecho, la corrupción no ha sido erradicada – de arriba o de abajo-, persistiendo la generalizada idea de que los presuntos corruptos del régimen son medidos con distinta vara. Difícil defender la honestidad cuando gran parte de los contratos oficiales son otorgados directamente, sin concurso. Quizás sea prematuro jactarse de la heterodoxa y única  fórmula  aplicada por nuestro país, consistente en entregar directamente los apoyos y créditos para reactivar la economía de abajo para arriba, descartando un rescate económico “elitista”. Creo aventurado afirmar de manera generalizada que “los conservadores -¿todos?- están enojados porque ya no hay corrupción y perdieron privilegios”; lo cierto es que tirios y troyanos están a favor de combatir la corrupción. Resulta prematuro preciarse de haber recuperado 93 mil empleos, luego de haber perdido un millón. Suena exagerado afirmar que la caída de la economía , a pesar del desastre mundial, fue de  sólo 10.4% durante el primer semestre: “Ya pasó lo peor y ahora vamos para arriba… México es un ejemplo mundial de cómo hacer realidad el progreso con justicia”.  Es por demás refutable decir que “ se ha cuidado el medio ambiente como nunca lo hicieron los gobiernos anteriores, ni lo demandaron los seudoecologistas que tanto nos atacan”. En cuanto al cuestionable manejo de la pandemia, AMLO omitió referirse al número de víctimas causadas por el Covid-19. Igualmente no se abordó el tema sobre el número de homicidios dolosos de los recientes 21 meses, recalcando “estar avanzando en el combate a la delincuencia” y el despliegue de un cuerpo de paz de 97 mil elementos de la Guardia Nacional. Igualmente objetable es la confirmación de la disminución de feminicidios, secuestros y robos, reconociendo el aumento en homicidios dolosos y en extorsión: En cuanto a los casos de corrupción que atañen a los expresidentes, las autoridades desahogarán el asunto en absoluta libertad, expresándose AMLO ,de ser necesario, a favor de celebrar una consulta popular. Reitero el riesgo que conlleva erigirse verdugo del pasado, y pregunto ¿Existen denuncias formales contra todos los expresidentes, de qué se les acusa en concreto, de ser neoliberales, se les juzgará en bloque o por separado, bajo qué cargos? ¿para qué calentar los ánimos y provocar ánimo de venganza desde el púlpito para luego declarar en lo personal haber votado en contra?                     
        

 

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