Ganarse la vida

José Rubinstein

Instalados en la apacible rutina, como suele suceder, de la nada, brota un extraño enemigo que mantiene engarrotada a la humanidad. Recluidos en esta forzada pausa en el camino, revaluamos  lo andado y trazamos una ruta más ligera y menos pretensiosa para el resto del recorrido.

La vida hay que ganársela –no es suficiente con haber nacido-, unos dando trabajo, otros recibiéndolo y otros laborando por su propia cuenta, ya sea desarrollando alguna aptitud o buscándole por donde se pueda. Quienes dan trabajo, los empleadores, lejos están de parecerse a aquellos personajes de caricatura como Gastón Billetes o los jactanciosos barrigones de frac y sombrero de copa ufanos de su riqueza, en su mayoría son limitados emprendedores dependientes de los resultados de sus empresas, que requieren ingresos para cubrir su propio sueldo, el de sus empleados, gastos diversos, cuotas al Seguro Social e impuestos hacendarios.
Un considerable número de quienes  se emplean por un salario complementan su ingreso con propinas provenientes de clientes. Quienes se ganan la vida por su propia cuenta obtienen ingresos relacionados a sus  habilidades y circunstancias, como sucede con  artistas, innovadores, intelectuales, profesionistas. En el caso de taxistas, conductores de Uber, valet parkings, vendedores de lotería y pronósticos, tianguistas, vendedores ambulantes y otros más,  se sobreentiende que todos ellos  viven al día. No generan ingresos, no comen. Así de duro.

En esta desconcertante circunstancia, el empleador debe afrontar la nómina de sus empleados, aun estando inactivos, sin ventas ni cobranza. Que pesadilla para quienes no tienen garantizado un salario fijo, habitando en una ciudad fantasma, impedidos a   ganarse la vida, dejando sin sustento a sus familias, regularmente con hijos pequeños.

 Ante la inédita situación económica suscitada por la inactividad empresarial a raíz del Covid-19, dirigentes del sector solicitaron que las autoridades hacendarias otorguen facilidades para el pago de impuestos, es decir, poder diferir pagos. No se pidió condonación alguna ni estímulos fiscales, tal y como lo hicieron otros países. El presidente López Obrador, cuya postura pudo haber sido más tersa, sostuvo: “Frente a la crisis, subsidios fiscales; frente a la crisis salvamentos, rescates, ya no. Tenemos que proteger primero a los pobres, no puede seguir habiendo Fobaproas”. Pregunto: ¿alguien sugirió algún Fobaproa o algo por el estilo?, ¿alguien se opone a que primero los pobres? En conclusión, los impuestos son inaplazables. Habría que hacer una encuesta entre los empleados: ¿Pago nóminas o impuestos?

En la actual coyuntura vuelve a parir la abuela, Fitch Ratings recortó la calificación crediticia de México a “BBB-“, colocándonos a un solo paso del grado basura. Coincidimos en que el Covid-19 causará irreversibles y aun incalculables estragos, los pronósticos tanto de posibles víctimas fatales y de histórico retroceso económico  advierten tiempos aciagos, realidad que minimiza confrontaciones y descalificaciones entre compañeros de un destino común, el cual es indiferente ante los de arriba y los de abajo, entre conservadores y liberales. Sonará trillado pero no hay de otra, es momento de unidad, ocasión para juntos enfrentar al mayor desafío que se le ha presentado a la humanidad en nuestro tiempo.

“Esto también pasará”, tanto el bienestar como el dolor son temporales y todo depende de cómo tomemos las cosas, si con esperanza o con pesimismo. Que esta forzada pausa en el camino nos sirva para reflexionar la importancia de las –aparentemente- cosas simples de la vida, el amor de la pareja  la sonrisa de un nieto, el abrazo de un amigo, observar las jacarandas.

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