Posiblemente desde Francisco I. Madero ningún presidente había sido tan atacado como . Igualmente desde Guadalupe Victoria ningún presidente había confrontado pública y sistemáticamente a supuestos adversarios por el hecho de criticar y discrepar de sus acciones de gobierno. El caso es que de ambas partes, como en un partido de tenis, las descalificaciones públicas van y vienen, ante la expectante observación ciudadana, tanto de los considerados pueblo, como de los otros, los que no son pueblo, los que están en el limbo.

¿Y qué se podía esperar luego de que cada mañana el Presidente exhibe, denuesta, descalifica, ofende, se mofa y desprestigia a adversarios reales o imaginados, trátese de intelectuales orgánicos, jueces deshonestos, organismos autónomos, medios de comunicación, periodistas y quienes se vayan acumulando, señalados de entrada como conservadores corruptos, empleados de la oligarquía, enojados porque ya no pueden robar, aspiracionistas seguidores del dinero, clasistas y racistas que quieren regresar al poder? ¿Por qué amarrar navajas entre conciudadanos, clasificando a unos como pueblo bueno, sabio y avispado y a otros como abusadores altaneros e insensibles a las necesidades del pueblo? ¿ O sea, unos son -o somos- pueblo y otros no? ¿ El empresario, el comunicador, la clase media, los aspiracionistas, quienes no coinciden con la 4T, no son pueblo? ¿Qué presentimiento podemos tener en vísperas de que -ahora sí- se inicien las campañas electorales, al escuchar al Presidente declarar estar contento porque va a entregar la banda presidencial a “alguien que piensa como pienso yo”?

Concluirá el sexenio con el deplorable alejamiento entre poderes al considerar el Ejecutivo que la corrupción y el desaseo privan dentro del Poder Judicial, apremiando por elegir directamente en las urnas a jueces y magistrados. No es que la relación entre AMLO y Norma Piña sea mala, es que la relación es inexistente, no hubo siquiera un intento de identificación entre ambos.

Apenas el Ejecutivo declaró que el Poder Judicial “está podrido”, dominado por la oligarquía corrupta al servicio de una minoría corrupta, son empleados de ellos, no representan al pueblo de México. Derivado del excarcelamiento de Emilio Lozoya, un molesto AMLO sostuvo que “los jueces con el Poder Judicial dejan libres a todos, nunca han hecho justicia, pero ahora es de manera abierta y descarada en contra nuestra, todos los casos los perdemos, amparan a las empresas que quieren tener el control de la industria eléctrica nacional, protegen a los traficantes de influencia, corruptos, pseudo ambientalistas, pseudo defensores de derechos humanos…Cuando estaba el ministro Zaldívar de presidente de la Corte había más recato, cuando había un asunto de este tipo, nosotros interveníamos… Zaldívar ayudaba, llega la señora Piña y dice 'los jueces son autónomos', o sea, licencia para robar”.

Prácticamente a 7 meses de la conclusión de la presente administración, en la antesala de un tenso y áspero proceso electoral, quedarán maltrechas las relaciones entre el Presidente con sus tantos adversarios -ya no ficticios-, así como con el Poder Judicial, incluyendo principalmente a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El gobierno de inclusión y de avenencia siempre resultará más conveniente y eficaz que el de hostilidad y de enfrentamiento.

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