Derecho de réplica

José Rubinstein

Insólitas vivencias de los últimos meses podrían encajar en el surrealismo. Ahora iniciamos una nueva etapa que bien podría denominarse: Salgan pero quédense, muévanse pero sin desplazarse. El semáforo está en verde…y en rojo. AMLO: “La pandemia está controlada”. López Gatell: “La epidemia de Covid está en su máximo nivel de intensidad”.

Nosotros, simples ciudadanos sin adjetivos, pareciera que presenciamos un partido de tenis, volteando de un lado al otro de la cancha siguiendo el curso del peloteo. De un lado los medios de comunicación lanzan noticias, datos y cifras y del otro el Presidente ejerce su mañanero “derecho de réplica” respondiendo con otros datos y puntos de vista discordantes. Y nosotros, nomás milando.

De un lado de la cancha, el Inegi dio a conocer que el cierre económico ocasionado por el coronavirus, en abril pasado, implicó que 12.5 millones de mexicanos dejaran de trabajar, 2.1 millones en empleos formales y 10.4 en la informalidad. Para mitad de mayo, 61.3% de los hogares del país revelan haber disminuido sus ingresos desde el inicio de la pandemia, perdiendo 4 de cada 10 más de la mitad de sus percepciones. La tasa promedio de desocupación del 4% se elevó al 16 por ciento. Se estima que 32.4% de las personas recluidas reportan serios síntomas de ansiedad, aceptando el 27.6% estar en depresión.

Del otro lado de la cancha, López Obrador responde que la crisis económica de México ya tocó fondo, que las ventas comerciales no se han desplomado —¿qué más se requiere?— que la pérdida de empleos por la emergencia sanitaria no va a superar el millón y que a partir de julio iniciará la recuperación económica. Concluyó el presidente fustigando a sus opositores que “quisieran que se desplomara por completo la economía nacional, pero no les está resultando; sus pronósticos no tienen que ver con la realidad”. La actual circunstancia amerita la máxima mesura del discurso oficial, precisamente en este trance que sacude nuestra normalidad, afectándonos económica y moralmente. ¿Quién en su sano juicio quiere que se desplome por completo la economía nacional? No es prudente convocar adversarios, máxime en la adversidad.

La prevista recesión anterior a la pandemia, consecuentemente habrá de ser más profunda y prolongada; de los 12.5 millones de desempleos habidos durante la presente crisis, sólo se recuperarán una parte de los mismos y factiblemente con menores pretensiones salariales y de escalafón, además no todas las empresas estarán en condiciones de reanudar actividades. Ni hablar de una mejoría en el ingreso per cápita sexenal. Qué oportuna sería en esta coyuntura una ráfaga de inversión privada, pero por algo los dueños del dinero están escamados. Es más, el gobernador del Banco de México advirtió sobre una profunda contracción para este segundo trimestre, notificando que inversionistas extranjeros han retirado durante los recientes meses, 250 mil millones de pesos, invertidos en bonos del gobierno federal. Igualmente el Banxico anticipó para 2020 una contracción del PIB de 8.16%, cifra sin precedente en los últimas 8 décadas.

Ayer el peloteo se puso duro al ejercer AMLO su “derecho de réplica”, específicamente contra el periódico Reforma, por un resoluble tema de mera interpretación con respecto al número de víctimas por el Covid-19 que finalmente no altera los resultados. Los nada comedidos epítetos vertidos por el presidente de todos los mexicanos sólo abonan a la polarización y a la confrontación. Y nosotros, los ciudadanos sin adjetivos, francamente ya estamos molestos de voltear de un lado al otro de la cancha, asistiendo a un duelo de infecundas réplicas y contrarréplicas de y con el poder.

Analista político

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