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08/11/2019
02:49
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La habitual comparecencia mañanera de Andrés Manuel López Obrador ante el escrutinio público, exponiendo y exponiéndose, conlleva el inminente riesgo de ignorar temas y datos o lanzar comentarios inapropiados e incluso ofensivos, incidiendo en un inevitable desgaste personal.

Las mañaneras de AMLO dictan las notas que al instante son difundidas en los distintos espacios noticiosos y luego publicadas en la prensa. Al respecto Jacobo Zabludovsky seguramente exclamaría: “Todo pasa de 7 a 9”. La efectiva estrategia de comunicación, ahora de Palacio Nacional, mantiene en alto los índices de popularidad presidencial; incluso críticos de AMLO reconocen su sincera determinación por erradicar la corrupción y abusos de regímenes anteriores, no obstante, el resentimiento con el que el presidente se refiere a quienes discrepan de sus programas de gobierno, conservadores o neoliberales adversarios, obsesionados, abusivos y corruptos, que a lo largo de 36 años esquilmaron al pueblo que hoy ha despertado, estimula el rencor y polariza a la sociedad. Lo conveniente sería conducirse como presidente de todos los mexicanos, líder sin filias ni fobias, sin adversarios y sin enemigos.

En los once meses transcurridos del actual régimen el crecimiento del PIB ha sido nulo, Texcoco no se olvida, Santa Lucía no convence, el Tren Maya cuestionado por el impacto ambiental. El Banco de México señala que la economía está en fase de estancamiento, la perspectiva inicial de crecimiento para 2020 es de 1.20% del PIB, preocupa primordialmente la inseguridad y falta de certeza económica. López Obrador, por su parte, enfatiza que “vamos muy bien… el crecimiento del país ha sido escaso porque estamos en un periodo de poner orden”, se crean empleos continuamente, el salario se ha incrementado sin precedente, de cada 10 hogares pobres 9 ya reciben ayuda económica, hay confianza del inversionista principalmente porque ya no hay corrupción. Cada quien sus datos.

En la mañanera del pasado 31 de octubre, refiriéndose al fallido operativo de Culiacán, AMLO arremetió contra ciertos medios, acusándolos de propagar noticias falsas; fue increpado e incluso alguno le llamó “mentiroso”. Consideramos que la investidura presidencial no debe ni puede abollarse en situaciones evitables y manejables.

Asimismo el presidente se refirió al discurso pronunciado unos días antes en la Sedena ante el secretario de la Defensa Nacional por el general Humberto Gaytán, subsecretario de dicha dependencia con Felipe Calderón, manifestando que dentro del Ejército existe preocupación por la polarización del país, destacando que los soldados se sienten ofendidos. Sostuvo López Obrador que el general Gaytán fue imprudente y poco mesurado, con una visión distinta respecto a las decisiones del Ejecutivo al haber participado en la guerra declarada por Calderón al narcotráfico.

Inesperadamente el presidente López Obrador rechazó la posibilidad de un golpe de Estado en su contra, ya que cuenta con el respaldo de una mayoría libre y consciente, justa y amante de la legalidad que impediría dar ese paso. “¡Qué equivocados están los conservadores y sus halcones!”. Ciertamente resulta improcedente y arriesgado invocar el término “golpe de Estado”.

Un estudio de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana en redes sociales arrojó las reacciones a la aludida mañanera: 70% de mensajes provinieron de gente real, 26% fueron emitidos por bots —robots informáticos para atacar cuentas o personas—, se identificó la cuenta madre @tumbaburros y una child bots asociada —supuestamente— a Aurelio Nuño, Juan Carlos Romero Hicks y Luis Calderón Zavala —hijo de Felipe Calderón—. Para AMLO dicha investigación refleja que los conservadores están desquiciados, desesperados, sin argumentos, insultan y utilizan robots, cosa que es inmoral. La tribuna mañanera en acción.

Analista político

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