Cada quien su democracia

José Rubinstein

Parece que no hay punto de conciliación. Al presidente de la República le está vedado intervenir en los procesos electorales, es más, ni siquiera está facultado a opinar públicamente sobre las elecciones o referirse en contra o a favor de partido alguno o coalición. Aun habiendo rubricado el Acuerdo Nacional por la Democracia, junto con los gobernadores del país, comprometiéndose todos a garantizar elecciones libres y a respetar la voluntad del pueblo, el presidente López Obrador denunció públicamente en sucesivas mañaneras a los dos candidatos punteros para gobernador de Nuevo León, Adrián de la Garza y Samuel García, por presuntos delitos electorales. “Cómo siendo presidente me voy a callar y voy a ser cómplice del fraude?... Claro que tengo que ver… Cuando se sabe de actitudes antidemocráticas, la autoridad está obligada a hacerlo y se tiene que denunciar”. Cierto, se tiene que denunciar, pero lo deben hacer las correspondientes autoridades electorales. No se hicieron esperar las reacciones a la intervención presidencial, destacando la de Dante Delgado quien acusa a AMLO de abuso de poder al injerir en un campo que le está vedado, exigiéndole sacar las manos del proceso electoral.

  Los ánimos se exaltan por día, los partidos opositores resienten la intromisión del presidente en el proceso electoral, pero siendo realistas, ¿usted imagina a AMLO presenciando las campañas —su mero mole— desde las gradas? Hay quienes son de la opinión que el tema electoral es un distractor que le cae como anillo al dedo al conductor de las mañaneras para eludir abordar situaciones inconvenientes como es el caso de la fatídica Línea 12 del Metro, las causas del accidente, los presuntos responsables, el adecuado peritaje y acciones a tomar para impedir un imperdonable nuevo percance. Se requiere de una especial habilidad para eludir temas primordiales pero inconvenientes relacionados, por ejemplo, con economía, violencia, inseguridad, delincuencia o desempleo.

 En relación al voto que hemos de emitir: ¿Conoce usted los cargos, partidos y nombres de los candidatos por los que votará? ¿Sabe qué recuadros tachar, uno sólo o todos los que conforman la coalición elegida? De fallar, su voto será anulado. Desde luego, el INE debe familiarizar previamente al elector con sus boletas.

 Las inminentes elecciones del próximo junio son definitivas para el proyecto transformador de Andrés Manuel López Obrador, razón para echarle toda la leña al asador. De obtener Morena un número significativo de gubernaturas, presidencias municipales, alcaldías y mayoría en la Cámara de Diputados, tendrá AMLO el terreno fértil para concretar las iniciativas requeridas para modificar leyes, desaparecer instituciones autónomas, hacerse del poder judicial, colocar funcionarios incondicionales y entonces sí irse a Palenque, Chiapas luego de haber transformado a México. Lo preocupante es ¿transformado en qué?

 De arrojar las próximas elecciones una razonable representatividad de las diversas tendencias políticas, sin que ningún partido obtenga una mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, habrá un espacio legislativo de debate democrático en el cual prevalecerá la voluntad de las mayorías, sin la imposición de una facción que a toda costa impondría su voluntad sobre la de los demás.  

 Cierto, votar es un derecho, pero también es una obligación, es el salvoconducto de participación que nos permite juzgar a nuestros gobernantes.      

 

Analista.
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