Ansia de novillero

José Rubinstein

Sexenal práctica de cada gobierno entrante ha sido el corregir y cancelar yerros, vicios e incluso aciertos del régimen saliente, más en este tiempo de la transformación en que predomina la presunción de no ser iguales y de que ya no es como antes.

El 1 de abril de 1994 el Banco de México obtuvo su autonomía, con el mandato prioritario de preservar la estabilidad del poder adquisitivo y la responsabilidad de emisión de la moneda nacional como una función exclusiva del Estado, delegada en un Banco Central.

Precisamente, acorde a su afán transformador, Ricardo Monreal, coordinador parlamentario de Morena en el Senado, presentó un proyecto de reformas a la ley del Banco de México para adicionarle la captación de efectivo en moneda extranjera que rauda y velozmente fue aprobada en el pleno por la manipulable mayoría senatorial. Dicha reforma obligaría a Banxico a comprar los excedentes en efectivo de dólares que no pudieran retornar a Estados Unidos, lo cual atenta contra su autonomía, implicando el enorme riesgo de incurrir en lavado de dinero, la violación de tratados internacionales, pudiendo propiciar auditorías de bancos internacionales, de la intervención del Departamento de Justicia de EU y hasta el congelamiento de reservas.

La minuta ya enviada a la Cámara de Diputados obligando a Banxico a captar moneda extranjera en efectivo, comprar los excedentes y agregarlos a las reservas —actualmente en 194 mil millones de dólares—, estuvo a punto de ser votada y muy probablemente aceptada, sin embargo, horas antes en un mensaje conjunto del senador Monreal y su homólogo en la Cámara de Diputados, Ignacio Mier, anunciaron la posposición de dicha aprobación para enero o febrero próximos, luego de analizar y en su caso modificar la propuesta —“Hay flexibilidad para enriquecer la iniciativa”—. No vaya usted a creer conspicuo lector que una ráfaga de democracia participativa irrumpió en la placidez de ambos líderes camarales, simplemente fue tal la presión de funcionarios del Banco de México, del gremio de banqueros, de analistas, de periodistas, calificadoras, medios de difusión y de la opinión pública, todos ellos, preocupados por las consecuencias de una reforma que aparentemente tendría un único beneficiario: Banco Azteca, de Ricardo Salinas.

Moody’s alertó que la reforma infringiría la autonomía de Banxico, debilitaría el cumplimiento de los estándares internacionales contra el lavado de dinero y afectaría aún más el grado de inversión. Bank of America explicó que en caso de que el Banco de México sea auditado y sancionado por cuestiones de lavado, se pararía todo el sistema de pagos del país. Inclusive, Santiago Nieto, de la Unidad de Inteligencia Financiera se pronunció por que la mencionada reforma sea analizada más amplia y técnicamente para enfrentar el problema de los dólares en efectivo, sin generar riesgos de lavado de dinero. El mismo Arturo Herrera, secretario de Hacienda, estuvo de acuerdo en la posposición de la reforma aludida “Claramente no se analizaron las muy importantes implicaciones para el sistema financiero mexicano”.

La presente experiencia seguramente contribuirá a calmar el ansia de novillero de la 4T que viene a transformar, con el inminente riesgo de arrasar con mucho de lo bueno logrado por regímenes anteriores.
 

Analista político.
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