No hay que ser

José Newman Valenzuela

Hagámosle caso a Andrés Manuel, desconstruyamos entre todos el aparato burocrático que no es sino un elefante echado, inútil, medroso y corrupto. Si gobernar es cosa sencilla, sin ese estorbo lo será aún más.
 
Sigamos avanzando en quitar aviones, guardias, guarderías, fideicomisos, fondos, organismos, medicamentos, aguinaldos, cubrebocas, pruebas anti virus, ventiladores, computadoras que con ello desataremos una dinámica reactivación económica, que de suyo no es tan importante, sino y más,  una verdadera ola de entusiasta y generosa creatividad solidaria.
 
Las líneas comerciales tienen más pasajeros y ello estimula la aviación comercial y el turismo interno. La guardia militar se reincorporó  ya a tareas propias para el abatimiento de la inseguridad y la violencia incentivando el arribo de inversiones cuantiosísimas que, aunadas a las remesas de connacionales, nos están ayudando muchísimo. Abuelas y abuelos han recuperado la jovialidad al contacto diario con los nietos, los menores abrevan de primera mano los valores tradicionales y ello va sembrando la paz en las nuevas generaciones que ya no tendrán por qué derivar en conductas antisociales, ha vuelto el convivio en los patios donde florecen geranios, jitomates y hierbas de olor y cura que mejorarán la dieta, se está desactivando el consumo de alimentos chatarra y se refuerza ya la educación básica con la atención a pequeñas especies en esas granjas y establos caseros.
 
Los ex empleados de fideicomisos, fondos y organismos innecesarios y  de relumbrón se desperezarán dejando atrás jornadas improductivas y avivarán su conciencia social sabiendo que ya no desperdician ni su vida ni tantísimo dinero que tanta falta hace en otros frentes más necesitados. Se acabó el atiborre de medicamentos que nadie usa y con ello la corrupción que nutre el comercio pirata. Se evitará por fin que los fines de año enloquezcamos de consumismo,  que tanto produce rivalidades, envidias y malos sentimientos. Nos pondremos a salvo del condenable alcoholismo decembrino, de su lamentable estela de accidentes y violencias y tornará ya innecesario el alcoholímetro lo que permitirá otro ahorro para mejor destino.
 
Llegó la hora de desmitificar la pandemia inventada por los medios que no era otra cosa que un ardid conservador para obligarnos a gastar en miles de cosas innecesarias y así debilitar el avance de la transformación; en caso dado un paliacate cualquiera y un cucurucho con popote inserto podrá servir para atender las reales emergencias. 
 
Si de computadoras hablamos, apenas comienza esta gran tarea desconstructiva de dispositivos y aparejos carísimos pues, primero oficinas y escuelas públicas y luego lo que siga en el mundo comunitario y social, habremos de liberarnos de esos fetiches que han acabado lo mismo con la caligrafía, con las cuatro operaciones a mano y llevamos dos y con la fraterna comunicación cercana y solidaria.
 
Hagámosle caso a Andrés Manuel, sus intenciones son incuestionables. El quiere acabar con el mal doquiera que ande, combatir la injusticia como quiera que se disfrace, erradicar la corrupción sin parar mientes en ajenos o propios, recobrar los valores de nuestra tradición milenaria, rehacer la paz, acabar las guerras, desmontar la delincuencia, fundar una nueva economía moral, brindar salud y educación de calidad a todos, respetar el derecho ajeno, reforzar la democracia con su ejemplo. Barrer pues de arriba abajo con todo lo que estorba a su bienintencionado impulso redentor.
 
Aprovechemos su viaje de mañana al país amigo, en el que pondrá en alto la nobleza de su proyecto transformador, para reflexionar sin partidarismos, rencillas ni enconos como el con su ejemplo nos pide día a día muy tempranito.

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