En un principio el Presidente López Obrador se mostró despreocupado y hasta escéptico de los alcances de la Pandemia Coronavirus y de la gravedad de la Enfermedad Covit19 que ese virus produce. Al tiempo que instaló el informe diario sobre este asunto, loable en materia de información y transparencia, el persistía en subestimar las precauciones y recomendaciones que su propio gobierno difundía. Esta desconcertante actitud duró hasta que la realidad se impuso y lo obligó a hacerse uno con su vocero y a secundar en todo dichas acciones preventivas, cosa que contribuyó a unificar la acción y tranquilizar al menos un poco el ya de por sí clima de ansiedad reinante. El Presidente RECTIFICO y fue positivo en el avance de la Fase 3 en la que nos encontramos, cada vez más cerca del momento más delicado y comprometedor de las instituciones de salud del país.

Las acciones preventivas de contención y mitigación (Quédate en Casa, Sana Distancia, El Lávate las manos, Usa Cubreboca) muy pronto hicieron sonar las alarmas de la Epidemia Económica: el contagio del desempleo, la caída del ingreso, el estrangulamiento de la economía, la angustia por un futuro que ya empezó. Frente a esta calamidad paralela la atención una vez más se centró en la expectativa de la reacción del Presidente, concentrándose en lo que dijera con motivo de su último informe periódico pronunciado en un patio vacío el domingo 5 pasado, en especial de lo que dijera sobre esta Epidemia Económica y el Programa de Contención y Mitigación que pusiera en marcha en ese mismo momento.

Lo desconcertante fue que, concentrado en el informe de lo realizado en el periodo, no presentó el Programa Económico tan esperado. Si acaso la reiteración de su programa económico de todos conocido. Huelga repetirlo. El Presidente NO RECTIFICO.

Durante las tres semanas transcurridas el Presidente ha reiterado su posición de mantener su Programa Económico, ha argumentado una y otra vez las razones que lo mueven a persistir en esa línea, ha denunciado presiones que lo impelen, incluso lo desafían para que vire respecto de su proyecto, ha increpado a esas fuerzas retardatarias que lo cuestionan y ha ido comunicando un paquete de acciones que constituyen, más una extensión de su programa económico que una rectificación, así fuese acotada, que es lo que la mayoría de los agentes económicos han esperado en vano hasta desesperar.

Ante la pregunta del por qué NO rectifica en materia económica que es el tema hoy en cuestión expongo una hipótesis explicativa plausible: como en otros temas de gobierno el Presidente ha desarrollado una suerte de Trastorno Delirante.

El Trastorno Delirante (TD) es una sintomatología caracterizada por la presencia insistente de ideas que el sujeto hace suyas con el carácter de creencias inmunes al análisis, a la crítica, al desmentido de la experiencia, a la prueba de su falsedad incluso. Delirio significa “fuera del surco” y delirar implica mantenerse en ese fuera de lugar no importa qué. Las ideaciones delirantes pueden ser absurdas, como en el caso de algunos pacientes psiquiátricos pero no necesariamente es siempre así ni digo que sea el caso. Bien pueden presentarse perfectamente organizadas con una lógica impecable en personas que no muestran otro tipo de trastorno. Lo fundamental es que son ideas sin mayor apoyo en los datos de la realidad, no obstante lo cual resultan inmodificables por la persuasión por lo que el sujeto las sostiene contra viento y marea en abierto contraste, incluso en contra y conflicto con los datos de la realidad y con la opinión de otros.

Me refiero concretamente a un paquete de ideas que forman el Delirio Sistematizado central en el esquema de pensamiento del Presidente:

1.- Los seres humanos se dividen centralmente entre Buenos y Generosos, de un lado, y Aviesos y Egoístas, del otro. El Pueblo Llano, el pueblo pobre forma parte del primer grupo y la mayoría de los ricos y poderosos del segundo,

2.- El Pueblo Llano y virtuoso es sabio, los opuestos son mentirosos e hipócritas.

3.-El hoy Presidente obtuvo el voto mayoritario enarbolando un Programa de Gobierno cuyo lema es “Por el bien de todos, primero los pobres” y si bien considera los diversos intereses de todos, su compromiso y prioridad está con los primeros,

4.- El gasto del gobierno debe llegar prioritariamente a los económicamente más débiles y el mejor camino NO es a través de servicios que estructuren y brinden las instituciones, pues este medio consume recursos en burocracias caras, frívolas y torpes a más de desviar recursos merced a la corrupción tan extendida, sino de manera directa vía permanentes transferencias personalizadas organizadas por grupos poblacionales con o sin responsabilidades a cambio,

5.-El pueblo llano y sabio hará completo y no mermado, acertado y no equívoco, eficiente y no torpe uso de esos fondos para atender sus reales necesidades y prioridades,

6.- Esa derrama directa de dinero genera consumo de bienes y servicios, produce bienestar, combate la corrupción y el burocratismo, dinamiza la economía, genera derramas hacia arriba, convertida en demanda estimula la oferta, genera crecimiento, promueve la equidad y la justicia, combate las causas de la desintegración familiar, de las conductas delictivas, de la violencia, deja sin clientes y sicarios al narcotráfico, contribuye a reducir la delincuencia, alivia tensiones y enfrentamientos sociales, propicia la concordia y la paz y

7.- La inversión privada, en manos de dudosa bondad y virtud, debe entender esta prioridad del actual gobierno y ajustar sus intereses a esta política económica.

¿ Le suena ?
 

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