Termino la serie de tres “meditaciones”, con el reconocimiento del origen del título de las entregas que, por supuesto, se encuentra en el libro de consejos de Marco Aurelio. Él vivió entre 121 y 180 de nuestra era y fue, en los últimos 19 años de su existencia, emperador romano, además de ser uno de los estoicos más destacados y de formar parte de los “cinco emperadores buenos” que gobernaron durante 84 años de manera justa, con liderazgo, buena administración y resultados convenientes.

Las “Meditaciones” de Marco Aurelio están constituidas por doce capítulos o libros y un total de 487 “consejos para ser una mejor persona”. Escritos desde el vértice del poder, ejemplifican como deberían, en mi opinión, ser y actuar los políticos de todos los tiempos, incluidos sin duda los que nos han tocado vivir. Entre lo que con frecuencia extrañamos en ellos es su integridad moral, visión de futuro, compromiso profesional, búsqueda de justicia social y capacidad realizadora que debería caracterizarlos.

El libro debería ser leído, reflexionado y aplicado por quienes gobiernan, pero también por los gobernados. Todos los sectores de la sociedad se verían beneficiados con esa acción. Estoy seguro de que nos ayudaría a unos y otros a evitar la tendencia en que vivimos de dividirnos y polarizarnos. No tengo duda de que entenderíamos la necesidad que tenemos de invertir más y mejor en educación de calidad, en todos los niveles y edades, sin pausa, con continuidad.

De manera sencilla y reiterativa, las “Meditaciones” de Marco Aurelio nos enseñan que ahora, como siempre, se debe vivir integralmente en libertad, con apego a la justicia y la verdad, dentro de la honestidad y en búsqueda permanente de la superación. Alejados de la ostentación y la soberbia, al igual que del halago que hace de la persona “indigna de su propia naturaleza”. Todo sería diferente y mejor, si así nos comportáramos.

Por supuesto que llama la atención que en esos tiempos y desde las alturas de un emperador de Roma, en el apogeo de su mandato, escriba sus consejos que son una declaración de sus convicciones en el ejercicio del poder y que todas las consideraciones del primer libro sean para dar las gracias. Para reconocer a quienes le dieron la vida y su educación. Para identificar a quienes lo formaron y las lecciones que lo moldearon. Para señalar las bases y los orígenes de sus conductas y convicciones, de las certezas que determinan su actuación pública y privada.

Inicia y termina dando las gracias a sus abuelos, padres, hermana, maestros, familiares, amigos y servidores por quienes alcanzó “…la capacidad de alejarme de la vanidad y convencerme de que es posible vivir en un palacio sin la ceremonia de los guardias, sin riquezas ni distinción en las prendas, sin candelabros, estatuas ni otras señales de realeza y lujo, y que un príncipe puede casi llevar el modo de vida de la gente normal pero comportarse con toda la fuerza y majestad de su carácter cuando es necesario para el bien común”.

Él nos invita a rechazar la mentira, el engaño y el desperdicio y en cambio privilegiar la honestidad y la educación; el trabajo, la reflexión y el servicio a los demás; la dignidad, la solidaridad, la tolerancia, la crítica y la autocorrección. A la política en México y el mundo le urge recordar lo que hace dos mil años sostenía el emperador más poderoso. Los políticos deben cambiar con urgencia. Hoy vivimos muchas crisis. La peor es la de los valores, que están por el suelo.

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