Los acontecimientos de Venezuela ampliaron las “meditaciones” que originalmente me había propuesto. Les daré continuidad con ese delicado asunto. Inicio con una afirmación: en los últimos meses el mundo ha cambiado mucho. Aún más, es posible que los cambios se profundicen, pero difícilmente regresarán al estado anterior. Todo se trastocó en menos tiempo del que le toma a nuestro planeta dar la vuelta al sol: la gobernanza del mundo, el comercio internacional, la economía, la manera de ejercer el poder político y la conformación de bloques regionales entre otros.
Por ello debemos aceptar que detrás de la amenaza de “algo se debe hacer en México”, hay una realidad que demanda cambios urgentes en la forma y en el fondo, con soluciones planteadas y ejecutadas por nosotros mismos. En primer lugar, en el gobierno, pero también en los otros poderes y por supuesto en la sociedad. En el gobierno se debe entender que la lealtad es con la República, no con el líder del movimiento, y el compromiso con el futuro, no con el pasado. Repito la frase que he citado antes: “la lealtad es con honor, de otra forma es complicidad”.
La propuesta de combatir a los grupos delincuenciales con fuerzas de los Estados Unidos debe repudiarse, pero el gobierno debe abandonar la actitud dubitativa asumida en la primera quinta parte de su mandato, que por cierto ya se agotó, para actuar con energía y presteza en contra de personajes relacionados con el gobierno anterior que actúan desde lo federal, estatal o municipal.
Durante 2025 se registraron múltiples casos que así lo muestran y no ha pasado nada. Apoyo mi aseveración en los numerosos indicios de gobernadores, legisladores y servidores públicos coludidos con el crimen organizado; la extensa trama del huachicol fiscal con sus consecuencias múltiples: las financieras, las relativas al descrédito de instituciones o las muertes no aclaradas; y, por supuesto, en el descarrilamiento del tren interoceánico que dejó, entre otras, catorce muertos y decenas de heridos, junto con la evidencia de un cúmulo de irregularidades recogidas en las auditoria realizadas desde la construcción.
Esos son solo una parte de los asuntos más reconocidos, pero no son todos. En lo político se pueden citar el gravísimo caso de la mal llamada reforma al Poder Judicial, con todo el desaseo en la elección por el voto minoritario del electorado, la pérdida de autonomía de la Corte y la incertidumbre jurídica que se ha generado con toda razón. A esto habrá que sumar la reforma electoral en construcción que fortalecerá el régimen de partido único y anulará la pluralidad de la sociedad mexicana.
Resulta indispensable dar un viraje completo. No se trata de tomar venganza o de torcer la ley. Solo de hacer lo que corresponde. De ser justos, evitar la impunidad y regresar a lo fundamental: la atención de los rezagos y el cumplimiento de los derechos establecidos en la Constitución: eliminar la pobreza extrema; disminuir la desigualdad; fortalecer la salud, la educación y la cultura; garantizar oportunidades a los jóvenes y asegurar una vida digna a los adultos mayores; terminar con el miedo, la violencia y la inseguridad; acabar con la informalidad en el empleo; construir un México democrático, libre, plural y tolerante.
Por todo ello tenemos mucho que hacer. Es urgente decidir, convocar y participar. Hagámoslo por el futuro, pero también por el ahora. Por nuestros hijos y nietos, por nosotros y la memoria de nuestros padres y abuelos. Hagámoslo por la Patria, la familia y México. En la próxima entrega terminaré con mis “meditaciones”.
Exrector de la UNAM. @JoseNarroR

