En el campo de la salud los descuidos cuestan vidas. Lo que se hace o deja de hacer protege o perjudica la salud de las personas y sus vidas. Van dos ejemplos. Sin un sistema de atención integral de las urgencias, como pasa en México, los accidentes representan la quinta causa de muerte y 40 mil defunciones anuales. Igual, si el manejo de una epidemia se sujeta a la política, la ideología y las ocurrencias, como lo hicieron con el Covid-19 en el gobierno anterior, habrá cientos de miles de muertes como sucedió.

En esos casos los malos resultados se ven de inmediato, en otros se aprecian meses o años después. Esto pasa con la vacunación. El resultado de dejar de vacunar en México a las niñas contra el virus del papiloma humano se traducirá en miles de casos de cáncer del cuello uterino que se debieron evitar.

Así sucede con el sarampión, enfermedad que estaba eliminada de nuestro territorio. En el Colectivo Unidos por la Salud de los Mexicanos expresamos hace siete meses nuestra preocupación por lo que entonces sucedía con esa enfermedad. La última epidemia registrada en México se presentó hace 37 años y ocasionó 89 mil casos y seis mil defunciones. El último caso “autóctono” se notificó en 1998 y en las dos décadas siguientes se presentaron solo 184 casos, todos infectados fuera de México.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) informó que durante 2025 México fue el país con el mayor número de contagios con 43 por ciento de los 15 mil registrados. Peor todavía: durante las primeras semanas de este año, siete países han informado casos y el nuestro ocupa el penoso primer lugar con 72 por ciento del total.

En 2025 se presentaron 6,432 casos y en los primeros 36 días de este año 2,027, lo que implica que el promedio diario se triplicó. Los tres estados más afectados son Chihuahua, Jalisco y Chiapas, que acumulan el 81 por ciento de los enfermos. Al analizar la distribución por edad se observa que los menores de diez años han registrado 37 por ciento de los casos, seguidos por los jóvenes de 20 a 29 con 21. Tres cuartas partes han sido menores de 30 años y hemos tenido 27 defunciones, el 60 por ciento entre menores de diez años. Llama la atención las 21 veces de diferencia en la letalidad de este brote y el de 1989.

El sarampión se previene con vacunación, acción que el gobierno anterior descuidó, como puede documentarse con datos de la ENSANUT que muestran coberturas muy bajas con la triple viral y en los esquemas completos en niños de uno a dos años y de dos a tres. En los tres casos, las cifras fueron menores que las de 2012. Más del 90 por ciento de los enfermos del brote actual no estaban vacunados.

La vacunación reportada a la OPS está entre las más bajas de la región y nos ubican en el sitio 40 entre 45 países. Un estudio mostró que los niveles de protección contra el virus del sarampión entre nuestra población de menores de 50 años están por debajo de lo recomendado, en especial entre los menores de un año y los jóvenes de 20 a 39 años. Urge atender el brote, vacunar extensiva y sincrónicamente, y cortar la trasmisión. Hace treinta años lo conseguimos y hoy no hay razón para no repetirlo. En el gobierno deben cambiar: reconocer las fallas, oír a los que saben, convocar a todos y actuar, pero la sociedad debe involucrarse y participar.

Exrector de la UNAM. @JoseNarroR

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios