Hace unos cuantos días se publicó la décima edición del “Reporte sobre la Democracia”, elaborado por el Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo. Los datos del informe son preocupantes. Esto es cierto tanto en lo que se refiere a la situación mundial, como al caso de nuestro país. Lo son porque muestran el deterioro de la democracia que retrocede al nivel que se tenía en 1978, hace casi 50 años.
La información presentada indica que, de los 179 países incluidos en el análisis, 92, poco más de la mitad, corresponden a autocracias y solo 87 a estructuras que se consideran democracias. El número de personas que viven en esos regímenes corresponde, en el 74 por ciento de los casos —es decir alrededor de seis mil millones de habitantes— a las autocracias. El restante 26 por ciento, esto es, poco más de dos mil doscientos millones de personas, residen en países democráticos. Esos porcentajes contrastan con los de 20 años atrás que indicaban que la mitad de la población del mundo vivía en regímenes democráticos.
Con claridad se indica que el mundo vive un periodo de tres lustros de estancamiento de la democracia y que esta tiende a empeorar. El año pasado solo 18 naciones se ubicaron en procesos de democratización. De ellos, diez corresponden al intento de regresar a ella. Por lo que se refiere a la autocratización, mientras que en 2005 solo doce países vivían ese proceso, dos décadas después la cifra aumentó a 44. Un caso sorprendente en este sentido es el de los Estados Unidos.
En el concierto de las naciones, en casi todos los aspectos que se toman en cuenta para la construcción del índice existe una disminución significativa de los niveles de los indicadores que, en la actualidad, son inferiores a los del principio de esta centuria. Se sostiene que existe un deterioro de la libertad de expresión, con el consecuente aumento de la censura y también de los niveles de represión a la sociedad, incluido el incremento de la práctica de la tortura para el “control” de las oposiciones.
A pesar de lo que sostienen nuestras autoridades, este índice es uno más de los que nos alertan que el camino que hemos transitado los últimos siete años y medio no es el correcto. Ahora México ocupa el sitio 110 entre los 179 países y el indicador que alcanzamos es de 0.22 que contrasta con el de Dinamarca que ocupa el primer lugar con 0.88, además de que se hace notar que hemos retrocedido y que de los países de nuestra región solo superamos a Haití, El Salvador, Cuba, Venezuela y Nicaragua, mientras quedamos muy lejos de Costa Rica que ocupa el séptimo sitio con una cifra de 0.81 y también, entre muchos otros, de Uruguay (13), Chile (16), Canadá (23) y Brasil (28).
Nuestra evolución durante los últimos cincuenta años muestra que entre 1975 y 1993 formábamos parte de las naciones que vivían en una autocracia electoral. En 1994 y 1995 pasamos a la zona gris autocrática y avanzamos durante los años siguientes a la zona gris democrática. En 1998 iniciamos un periodo de 24 años de pertenencia al grupo de democracia electoral y retrocedimos en 2024 y 2025 a niveles de 1994.
Los cambios de los últimos años en materia política y judicial han resultado inconvenientes y la propuesta de reforma electoral que se ha planteado al Congreso es sus dos versiones es igualmente negativa. Urge corregir la ruta, fortalecer la democracia y revertir el deterioro de instituciones y procesos políticos.

