Bukele tiene un cheque en blanco para gobernar

José Meléndez

El avance oficialista se registra a costa de víctimas políticas: el FMLN y la Alianza Republicana Nacionalista

San José - El Salvador se rindió a los pies de Nayib Bukele y le otorgó una fuerza política sin precedentes en un cheque en blanco.

En los comicios legislativos y municipales del pasado domingo, el presidente salvadoreño superó la principal prueba popular a la que se sometió desde que asumió en 2019 y, con el timón de mando de su partido Nuevas Ideas, arrasó sobre las fuerzas políticas tradicionales de antes, durante y después de la guerra civil de 1980 a 1992.

El joven presidente, de 39 años, dispondrá, a partir del próximo primero de mayo, de un dominio abrumador en la Asamblea Legislativa (Congreso unicameral) y en los 262 municipios: Bukele tiene vía libre para gobernar a su antojo.

“El ascenso de Nuevas Ideas es una recomposición del viejo sistema oligárquico que tendrá al clan Bukele como uno de sus puntales”, tuiteó el ex presidente salvadoreño Mauricio Funes desde su exilio político en Nicaragua, hacia donde huyó en 2016 al ser acusado de casos multimillonarios de presunta corrupción en su gestión de 2009 a 2014.

“Es ingenuo creer que el triunfo del oficialismo abre una era de esperanza para El Salvador. No es el pueblo el que se beneficia con esta victoria”, agregó, al admitir que Bukele obtuvo “la mayoría necesaria para gobernar sin controles y sin oposición. Triunfó el autoritarismo. La democracia ha sido la gran perdedora de esta jornada electoral”.

Escrutado el 80% de las actas, Bukele y Nueva Imagen reafirmaron su abrumadora victoria legislativa y municipal, con el triunfo en las alcaldías de las 14 cabeceras departamentales (estados) y, de acuerdo con las proyecciones preliminares, obtendría al menos 50 de los 84 escaños parlamentarios. Los resultados definitivos y oficiales serán divulgados el próximo viernes y las autoridades electas por tres años.

A ese número de legisladores podrían sumarse los de la derechista Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), el partido al que debió aliarse en 2019 para competir y ganar en los comicios presidenciales y que le llevaron al poder sin fracción parlamentaria propia.

El gobernante y Nuevas Ideas se garantizaron tres mayorías para la aprobación de su agenda política: la relativa, al ser la fuerza política con más diputado, la absoluta, por tener más de la mitad más uno o 43 de los congresistas, y la simple, al asegurarse una superioridad partidista.
Si refrenda su alianza con GANA, obtendrían mayoría calificada de 56.

Los dos partidos “tendrán más de 60 diputados”, escribió Bukele en Twitter. “Gracias al pueblo salvadoreño. Gracias a Dios”, proclamó.

El avance oficialista y sus socios se registra sobre dos víctimas políticas, el ex guerrillero e izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que gobernó de 2009 a 2019, y la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena), que estuvo al mando del Poder Ejecutivo de 1989 a 2009.

Ambas agrupaciones tradicionales sufrieron una debacle. Arena, que dominó por décadas el panorama legislativo y municipal, pasó de 35 diputados a unos 12 y el FMLN de 23 a unos 8, de acuerdo con las previsiones todavía extraoficiales. El resto de puestos sería para los minoritarios.

“Tendencia irreversible”, reconoció ayer el ex vicepresidente salvadoreño Óscar Ortiz, secretario general del FMLN. “Un resultado adverso para el FMLN y para la izquierda”, dijo Ortiz a la prensa.

Ahora se impone que el gobierno salvadoreño respete “el estado de derecho y la separación de poderes”, pidió la Washington Office on Latin America (WOLA), institución no estatal de defensa de los derechos humanos en el hemisferio occidental.

Bukele y sus aliados en la Asamblea “no deben abusar de su poder para socavar la independencia de las cortes y otras entidades que protegen el estado de derecho, luchan contra la corrupción y defienden los derechos humanos”, afirmó el estadounidense Geoff Thale, presidente de WOLA, en una declaración que envió a EL UNIVERSAL.

“Es un asunto urgente” ante la violencia política y la polarización que avivaron “el odio”, subrayó.

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