Las carreras de autos a menudo suelen estar asociadas a los nombres de grandes pilotos, prominentes escuderías y pistas famosas. Es más común de lo que suponemos haber escuchado alguna vez en nuestra vida palabras como: Indianápolis, Senna, Fittipaldi, Monza, Le Mans, Mónaco, Los Hermanos Rodríguez, Fangio, Lauda, Andretti, Schumacher, Ferrari, Porsche, Williams, Checo, McLaren, Hamilton, Ford, Reutemann, Mercedes, etc.

La máxima categoría del deporte motor es sin duda la Fórmula 1. Frecuentemente es posible ser testigos del surgimiento, consolidación y ocaso de grandes pilotos y escuderías. Pero si hay algo que mantiene intacta su esencia, es la obligada visita a 2 lugares emblemáticos que le dan su razón de ser: El Autódromo Nacional de Monza en Italia y el Circuito de Silverstone en Inglaterra. Ambos lugares albergan a los únicos grandes premios que han estado dentro del calendario ininterrumpidamente desde 1950: El GP de Italia y el GP de Gran Bretaña. Si al circuito italiano se le llama míticamente “El Templo de la Velocidad”, a la pista inglesa se le considera “la piedra angular del automovilismo”.

Debido a la próxima parada del “gran circo” por el Reino Unido, me gustaría platicar acerca de la historia del Circuito de Silverstone. Originalmente era un aeródromo usado en la 2da. Guerra Mundial como base de la 17ma. Unidad Operacional de Entrenamiento de la Real Fuerza Aérea Británica, conformada primordialmente por Bombarderos Ligeros (torpederos) y de Largo Alcance. La estación de Silverstone dio servicio a la RAF de 1943 a 1946 quedando posteriormente en el abandono.

Un vecino de la villa de Silverstone, Maurice Geoghegan, invitó a un grupo de amigos a participar en una carrera de aficionados usando las pistas desiertas del aeródromo. Era septiembre de 1947 cuando tuvo lugar el “Mutton Grand Prix”, como se le conoció posteriormente. Pero fue hasta 1949 cuando el Royal Automobile Club alquila este lugar para convertirlo en un circuito de carreras, el cual abrió sus puertas el 20 de agosto de ese año. El trazado original constaba de 8 curvas y fue construido perimetralmente alrededor del antiguo complejo aéreo.

Estas curvas fueron bautizadas acorde a la infraestructura adyacente a la pista. Todas ellas conservan el nombre original de ese entonces. La recta principal que pasaba al lado de una granja vecina se le llamó simplonamente “Farm Straight”. Las curvas “Woodcote” y “Copse” tomaron su nombre de unos matorrales que bordeaban el lado norte del aeródromo. De Copse se llega a 3 curvas que forman una doble “S” y que actualmente es considerada como una de las secciones de alta velocidad más difíciles de todo el calendario: “Maggotts”, “Becketts” y “Chapel”. Maggotts era un campo aledaño a la Capilla ( Chapel en inglés) de St. Thomas A. Beckett que estaba a un costado de la pista, de ahí el nombre de este peculiar sector del circuito. Luego sigue la “recta del hangar”, la curva “Stowe” (bautizada así por estar cerca de una escuela con ese nombre), la curva “Club” (en honor al Club Real del Automóvil), y finalmente la curva “Abbey” que pasaba por lo que alguna vez fue la antigua Abadía de Luffield.

El 13 de mayo de 1950 se disputó en Silverstone la primera carrera oficial de la Fórmula 1. Se recorrieron 70 veces sus 4,649 metros resultando ganador el italiano Guiseppe Farina a bordo de un Alfa Romeo 158. Actualmente, el Gran Premio de Gran Bretaña consta de 52 vueltas por los 5,891 metros que mide este circuito luego de la última modificación sufrida en 2010.

La maravilla de esta grandiosa pista es que, sin importar el tiempo que tengas siendo aficionado, fanático o “villamelón” de las carreras, puedes fácilmente percibir la esencia de aquellos primeros 12 audaces que tomaron por asalto un abandonado aeropuerto para convertirlo en “la piedra angular” del Deporte Motor, por los siglos de los siglos.

God save the Queen…and Silverstone!

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