Después del trepidante inicio de año con la intervención estadounidense a Venezuela y la “sustracción” de Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, este domingo 1 de febrero el electorado costarricense llegó a las urnas para decidir su futuro político en el próximo cuatrienio que ya se encuentra marcado por un péndulo ideológico en América Latina y, particularmente en Centroamérica, por una tendencia de gobiernos derechistas y de centro derecha. El caso costarricense no es la excepción si revisamos los últimos sondeos que siempre dieron la ventaja a la candidata del oficialismo (Partido Pueblo Soberano), Laura Fernández. De hecho algunas de esas encuestas fueron publicadas por la Universidad de Costa Rica (UCR).
Según este portal “La última encuesta del CIEP-UCR previa a las elecciones nacionales indica que la candidata representante del movimiento liderado por el presidente Rodrigo Chávez subió de 40% a 44% en la antepenúltima semana, lo que amplía las posibilidades de superar la cifra mágica necesaria para una victoria sin segunda ronda”.
La victoria de la candidata y ex ministra, Laura Fernández, en el actual gobierno de Rodrigo Chávez, hace más preocupante el escenario ideológico centroamericano, cerrando la brecha a gobiernos progresistas, excepto en Guatemala con Arévalo. Recordemos que apenas el pasado 27 de enero el candidato del conservador Partido Nacional Hondureño, Nasry Asfura, asumió formalmente la presidencia después de los cuatro años del gobierno progresista de Xiomara Castro, del Partido Libre, que ahora es oposición.
La historia política costarricense en el pasado siglo tuvo un punto de inflexión en la década de 1940 cuando se desarrolló en algunos días de abril de 1948 una breve pero decisiva guerra civil que terminó con dos gobiernos sucesivos que mantuvieron alianzas con el Partido Comunista de Costa Rica, llamado en ese momento Vanguardia Popular.
De ese proceso político surgió una República que suprimió el ejército y encumbró al principal político de la segunda mitad del siglo XX, fundador del histórico partido “Liberación Nacional” (PLN), José Figueres Ferrer, mejor conocido como “Don Pepe” quien por cierto estuvo en algún momento de su lucha política exiliado en México, según los datos proporcionados por la Dra. Laura Beatriz Moreno. La académica y diplomática, Laura Moreno, también hace una interesante aportación al papel de México en esa llamada guerra civil costarricense en un capítulo de un libro de reciente aparición, México como mediador clave en América Latina, coordinado por la misma autora y por Roberto de León, ambos de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Salvo ese momento político antes descrito, en términos generales Costa Rica, se ha distinguido por tener una democracia estable y en la década de 1980 jugó un papel mediador muy importante en los procesos de paz centroamericanos que encumbraron al ex presidente Óscar Arias (1986-1990), al premio nobel de la paz. Arias repitió como presidente del 2006 al 2010 y es quizá junto con el mencionado Figueres, referente político en el ámbito centroamericano y regional.
Los cierto es que con el triunfo electoral de Laura Fernández, con más del 50 %, se convertiría apenas en la segunda mujer en lograr la jefatura de Estado en Costa Rica. Aún se recuerda el gobierno liberacionista de Laura Chinchilla, (2010-2014). Laura Fernández sería con la presidenta de México, Dra. Claudia Sheinbaum Pardo, las únicas dos jefas de Estado en Latinoamérica en este momento.
Por otra parte, Fernández, se convertiría apenas en la octava mujer en la historia latinoamericana en ser elegida democráticamente como jefa de Estado, después de las experiencias de Violeta Barrios, Mireya Moscoso, Michelle Bachelet, Dilma Rousseff, Cristina Fernández, Xiomara Castro, Claudia Sheinbaum y su compatriota Laura Chinchilla.
Elemento ciertamente destacable pero que no necesariamente genera empatía con los proyectos progresistas que en algún momento florecieron en la primer década del siglo XXI, (la ola rosa) y hace apenas unos meses en Honduras, Bolivia y Chile que muy recientemente experimentan viraje a gobiernos de derecha.
CIALC UNAM

