En la coyuntura internacional y latinoamericana actual, la transmisión de mando en Chile cobra una sobredimensión especial. En efecto, el 11 de marzo de 2026, Chile enfrenta un desafío con su propia historia reciente que nos remonta sin duda alguna a la etapa de la Guerra Fría y a la oscuridad represiva de la dictadura de Augusto Pinochet, derivado de los sucesos del 11 de septiembre de 1973.
En ese sentido desde 1990 cuando el país del Cono Sur reinició su sistema democrático, bajo la presidencia de Patricio Alwyn, no habíamos conocido a un jefe de Estado que utilizará símbolos que nos hagan recordar a la dictadura de Augusto Pinochet. Los orígenes del nuevo presidente chileno, implican contextualizar históricamente a un político que ahora asume la jefatura del Estado chileno hasta marzo de 2030.
Apenas el pasado fin de semana, Kast, aun sin ser formalmente presidente de Chile, asistió a la denominada cumbre "Escudo de las Américas" convocada por Donald Trump y celebrada en Florida. El presidente estadounidense no dejó pasar la oportunidad de mencionar su simpatía a la candidatura de Kast. Al acto asistieron los cuatro presidentes latinoamericanos elegidos en 2025, es decir, el boliviano Rodrigo Paz Pereira, el hondureño, Nasry Asfura, el ecuatoriano, Daniel Noboa y el mencionado José Antonio Kast.
Lecciones como la anterior nos dan la pauta para cada vez ir entendiendo mejor la reconfiguración ideológica de América Latina y la visualización de un péndulo a la derecha asociada a la llegada de Kast. Por ejemplo, llamó poderosamente la atención la invitación y asistencia de María Corina Machado, la principal opositora venezolana al chavismo, en el protocolo de la transmisión de mando en Santiago de Chile.
En contrasentido, apenas un día antes Lula Da Silva, canceló su asistencia a la asunción de Kast, al confirmarse la presencia del hijo de Bolsonaro. El domingo las elecciones en Colombia dieron espaldarazo al Pacto Histórico liderado por el presidente Gustavo Petro y el lunes una llamada registrada por la doctora Claudia Sheinbaum y Lula, confirmó una visita de Estado de la presidenta de México para junio o julio en tierras brasileñas. Lo que refuerza un eje progresista latinoamericano. En un palmo de tiempo se celebrarán elecciones en Perú, Colombia y Brasil y a partir de entonces sabremos si hay una aguda reconfiguración de alianzas en el continente.
La diatriba de Trump, despreciando el idioma "español", y su consideración de que México es el epicentro de los cárteles de la droga en el continente, y la asistencia de Kast a la cumbre “Escudo de las Américas”, forman parte del contexto para comprender la coyuntura actual chilena, sin olvidar, la asociación con su historia reciente y con lo sucedido el 11 de septiembre de 1973, con el golpe de Estado al presidente progresista Salvador Allende. De allí la importancia de revisar procesos actuales auxiliándonos de lo sucedido apenas en el período conocido como la Guerra Fría y sus implicaciones en América Latina.
Por lo que hace a las relaciones diplomáticas con México, veremos cómo se desarrollan. Si se confirma o no el apoyo de Kast a la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU, será un buen parámetro, porque sabemos México y Brasil, la respaldaron. El escenario no puede ser más intensivo y ahora más que nunca lo engloba y lo asocia con todos los elementos circundantes a nivel global, regional y nacional.
Por ello consideramos que revisar lo sucedido en la Guerra Fría en su faceta latinoamericana nos da contexto histórico y quizá contribuya a obtener un juicio político mejor informado, en un sistema universal cada vez más convulso por las recientes agresiones estadounidenses en Latinoamérica y el Medio Oriente.
CIALC UNAM
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