Una sátira sobre cine de espías

José Felipe Coria

Mientras llega "Sin tiempo para morir", "OSS 117" son una opción

El estreno del título 25 de James Bond, Sin tiempo para morir (2020), primera súper producción del director Cory Joji Fukunaga, fue pospuesto seis meses por el coronavirus.
 
Pensando en agentes secretos y tramas internacionales, no hay que buscar mucho en línea para encontrar un interesante díptico de la productora Gaumont que satiriza los estereotipos del espionaje. 

Son los filmes 2 y 3 de Michel Hazanavicius, inéditos en México: OSS 117, El Cairo nido de espías (2006) y OSS 117, perdido en Río (2009), sobre las aventuras del agente Hubert Bonisseur (Jean Dujardin, burlándose de sí mismo), obligado a cumplir peligrosas misiones, en ambos casos contra nazis en fuga por el mundo durante los 1950-1960.

Verlos significa revisar el ligero tono de un género francés, previo a Bond, que debutó en El agente secreto X-117 no ha muerto (1957, Jean Sacha). Estas cintas, basadas en novelas de Jean Bruce (1921-1963), se volvieron objeto de culto cuando las dirigió André Hunebelle: OSS 117 (1963), Furia en Bahía (1965), Banco en Bangkok (1964) y Asesinato por helicóptero (1968).

Una sátira sobre cine de espías
Mientras llega Sin tiempo para morir, OSS 117 son una opción 

Tuviero n aún variaciones cuando el estilo Bond se impuso: OSS 117, terror en Tokio (1966, Michel Boisrond) y OSS 117 toma vacaciones (1970, Pierre Kalfon).

El peligro de las misiones es, claro, Bonisseur, de cortas luces, nulo criterio, tacto de elefante, pero con gran actitud y demasiada suerte como para eludir algún balazo perdido, por supuesto, disparado por él mismo. 

Lo interesante de Hazanavicius en sus OSS 117 es que manipula con visión deliberadamente anacrónica los clichés cinematográficos del tema sobre espías. Logra un género difícil, la farsa, donde los lugares comunes son un festival de humor incorrecto.

Cada chiste visual, verbal o físico de Hazanavicius-Dujardin, confirman que con otro director o actor habrían resultado chocantes. La farsa desmonta los mecanismos ideológicos del espionaje fílmico, su misoginia, el racismo, el clasismo y la tontería más desconcertantes a punta de carcajadas.

Hazanavicius ha hecho otras cuatro cintas sin recuperar ni el éxito ni el humor que lo consagraron en su cuarto filme, El artista (2011), por el que ganó el Oscar a Mejor película y Dirección; Dujardin ganó el de Actor.

Sin embargo, en lo que llega Sin tiempo para morir, es una delicia ir al lado delirante del peculiar OSS 117 hecho sin control, con un estilo directo, franco y brutal: divertido.
 

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