Un par de tráileres con toneladas de equipo para rescatar a mineros atrapados recorre un río de hielo que empieza a resquebrajarse. Por si fuera poco, los vehículos tienen el tiempo en contra. El suspenso pues está servido.

Es la escena clave de "Riesgo bajo cero" (2021), cuarto filme del curtido guionista experto en acción Jonathan Hensleigh, pero primero en 10 años que dirige.

Situación y personajes son de primera.

El experto conductor Mike (Liam Neeson), su hermano Gurty (Marcus Thomas), mecánico de talento; su colega Goldenrod (Laurence Fishburne), y la ruda Tantoo (Amber Midthunder).

La película plantea espléndidamente la situación, aunque va al revés. En vez de ir de A a B y así, incrementando el suspenso, hace lo contrario: lo desinfla con situaciones exageradas, cuando le basta una sola para sostener la emoción más primaria: la lucha contra la naturaleza.

Al ser una carrera de obstáculos, donde a una escena bien pensada sigue otra que a fuerzas obliga a que salga mal la misión, el filme posee por igual virtudes y defectos.

Neeson y Midthunder sostienen parte de la cinta con la eficacia de trabajadores que no se intimidan ante nada. Al final son simples figuras en un paisaje donde lo que importa es la acumulación de desgracias. Lo único que da vida a la historia son los colosales vehículos que convierten al resto de los protagonistas en decoración.

El estilo de Hensleigh es parecido a su paisaje: frío hasta congelar las emociones del espectador; queda entre un planteamiento sólido y una dirección rutinaria; entre lo que es conmovedor y acaba por ser indiferente; entre la acción pura y el artificio pedestre. O sea, propone algo bueno que va, como el hielo de su escena más sensacional, resquebrajando hasta dejarlo en versión menos absorbente de "El salario del miedo" (1978, William Friedkin), y menos auténtica que "Lola la trailera" (1985).

Hensleigh es buen guionista; como director, no.

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