Presidente providencial o como México no hay dos

José Carreño Carlón

Cifras y dichos de este informe parecen tan misteriosos como los de “antes”

El informe de la victoria

El presidente parecía de pronto hablar en pasado de la crisis económica y sanitaria. “Ya pasó lo peor y ahora vamos para arriba; ya se están recuperando los empleos perdidos, se está regresando poco a poco a la normalidad productiva y ya estamos empezando a crecer”, intentó López Obrador consolar a los millones de damnificados del colapso que no se dan por enterados de que ya pasó lo peor. Pero sus datos de recuperación fueron reducidos antes por su propio secretario de Hacienda a meros indicios, al advertirles a los legisladores oficialistas que todavía el año próximo se mantendrá la economía “en una trayectoria descendente” y que, para las vacunas, habrá que esperar otro año.

Pero donde sí hay una recuperación histórica, subrayada ayer en el mensaje relativo al segundo informe presidencial, es en la retórica arcaica de México como ejemplo único para el mundo. “Estamos enfrentando la crisis económica con una fórmula distinta, peculiar, heterodoxa, diría única en el mundo”, aseguró el mandatario en su informe de la victoria sobre las gestiones de crisis de España, Italia y el Reino Unido (no obstante que esos países están ranqueados para una recuperación bastante más temprana que la nuestra). El mexicano se refería a su reparto “de manera directa” de dinero público a decenas de millones de personas programadas como clientelas electorales para perpetuar en el poder al personal y al modelo de gobierno auto exaltado ayer sin pudor y en clave providencial: ”En el peor momento contamos con el mejor Gobierno” .

Sustentado en invocaciones evangélicas de “purificación”, el providencialismo presidencial demonizó en su mensaje de ayer los reclamos de corrección gubernamental como si fueran las tentaciones a Jesús en el desierto: “Piden… que yo traicione mi compromiso con la sociedad, que falte a mi palabra y que renuncie a mi congruencia…” A su vez, la supuesta singularidad mexicana se originó en la retórica de los presidentes del ciclo pos revolucionario. “Un solo camino: México”, proclamó López Mateos, para excluir “ideas exóticas”, provenientes del “anti México”, completó Díaz Ordaz en espera de que Echeverría nos advirtiera contra las “comparaciones extra lógicas” entre el singular sistema político mexicano de entonces y las decadentes democracias del primer mundo.

Democracia y mercado

Ese “singularismo” llegó triunfal a la cultura popular y al habla coloquial: “Como México no hay dos”. Pero fue dejado atrás por la retórica del ciclo reformista iniciado en la década de 1980 y cancelado en 2018, por “neoliberal”. Sobre desviaciones y contrahechuras, más allá de aquella pretensión de singularidad nacional, el reformismo pugnaba por una sociedad democrática de mercado en consonancia con los cambios operados en el mundo a raíz de la liquidación del modelo de economía y mando rígidamente centralizados, abatidos con la caída del muro de Berlín.

Misterios

A pesar de no ser iguales, cifras y dichos de este informe parecen tan misteriosos como los de mucho, mucho “antes”. Para la década de 1970, la reforma agraria mexicana había repartido en dichos informes varias veces el territorio nacional. Y entre el centenar de afirmaciones no verdaderas computadas ayer por SPIN, no supimos de qué actos de corrupción supuestamente salieron los ahorros por 560 mil millones de pesos de que habló el presidente, ni, quizás, de los “criterios de oportunidad” de que gozarían sus autores. Tampoco nos enteramos de las actividades que llevaron a la “arrogancia” del fiscal general y del presidente de la Corte a declinar la invitación al “informe”… o si la referencia presidencial trató de neutralizar la percepción creada por el propio presidente de su manipulación política de la procuración y la impartición de justicia.

 

Profesor de Derecho de la Información, UNAM

 

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