Poca vacuna, excusas y actos de campaña

José Carreño Carlón

La mejor campaña de persuasión naufraga cuando el persuadido se percibe engañado por el incumplimiento de las promociones publicitarias

Expectativas violadas. La insuficiencia de vacunas, la desorganización del gobierno por las decisiones inconsultas y el hiperactivismo verbal del presidente; el fichaje de la credencial para votar, dentro de la injerencia ilegal, inmoral de los aparatos de control de votantes del régimen, todo ello, mezclado con el masivo interés en vacunarse mostrado estos días por la población, prefiguran un producto potencialmente explosivo. Por lo pronto, esa mezcla de factores inflamables está tensionando peligrosamente la cadena de expectativas violadas por el gobierno, producto de la propaganda de amplio alcance del presidente, sólo que sin capacidad para materializar los dones prometidos.

La mejor campaña de persuasión naufraga cuando el persuadido se percibe engañado por el incumplimiento de las promociones publicitarias. Y ya vamos para tres meses de anuncios de vacunas supuestamente aseguradas para todos; del arribo de unas cajas con frascos con el fármaco, celebrado con actos de campaña electoral por cada anuncio vacío o semivacío del medicamento y cada aterrizaje (infrecuente) de aviones de DHL; de planes y modificaciones de planes de vacunación con un inventario ínfimo de vacunas; de la no conclusión de una primera fase para vacunar trabajadores de la salud que se quedaron sin segunda dosis y algunos sin la primera, fase encimada por una segunda fase de inoculación por goteo a adultos mayores en sitios de vacunación elegidos con criterios políticos, no sanitarios.

Inocular al gobierno. En tres meses de sobreproducción de expectativas, el gobierno mexicano está lejos de los dos millones de vacunados por el gobierno chileno en nueve días: un saldo de dudosa utilidad si se quiere inocular al régimen para la hora de una eventual impaciencia de la gente y una no improbable frustración social extendida. Ya ocurrió antes con el eslogan presidencial que aseguraba que ningún contagiado se queda aquí sin cama de hospital, equipo y medicamentos, una consigna propagandística negada por reportes frecuentes de muertos en las afueras de los centros hospitalarios o de enfermos graves remitidos a morir a sus casas. Esto, con el doble propósito publicitario de mostrar cifras de espacios disponibles en el sector salud (“los hospitales no están saturados”), además de contener el registro de víctimas letales en cifras menores a las reveladas, con el ánimo de sostener lo insostenible: que la pandemia no ha estado fuera de control del gobierno.

Ideología de la excusa. Sobre la forma de procesar una acumulación de expectativas violadas por el gobierno, de las que forman parte las fantasías esfumadas sobre la pandemia, ahora sí que viene como anillo al dedo la reseña en Letras Libres del consejero del INE, Ciro Murayama, de Yo, el pueblo. Cómo el populismo transforma la democracia, de la profesora de la Universidad de Columbia Nadia Urbinati. Publicado por Grano de sal, la editorial que ha tomado el lugar del FCE en la coedición de materiales de actualidad procedentes de y dirigidos a la academia y al debate público, el libro, sobre el que habrá que volver, propone que el gobierno populista no se hace cargo, siquiera, de las cuentas que entrega: “Como el líder solo es la boca del pueblo y no tiene voluntad propia, las cosas que hace deben ser las cosas que el pueblo le pide. Si no logra los resultados, la responsabilidad debe recaer en manos de los enemigos del pueblo, quienes nunca desaparecen” (y nunca duermen). De este modo, sigue la reseña, el líder irresponsable recurre a menudo a teorías de conspiración como una suerte de ‘ideología de la excusa’.” Y saque usted la cuenta de los “enemigos del pueblo” registrados en las mañaneras, críticos y opositores al régimen a quienes se suelen cargar los tropiezos de estos 26 meses y medio de poder reconcentrado. Profesor de Derecho de la Información, UNAM

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