No aclares, que oscureces

José Carreño Carlón

El problema mayor se da cuando la ‘aclaración’ busca deliberadamente oscurecer, como en las ‘explicaciones’ del tenebroso doctor Gatell

Al profesor emérito Rolando Cordera en su medio siglo de docencia universitaria
 

En tinieblas. El coloquialismo caribeño del título podría aplicarse a las ‘revelaciones’ del presidente de la República para ‘aclarar’ su derrota electoral en la CDMX (por obra de la despreciable clase media, a la que pertenece); para seguir promoviendo la inconstitucional prórroga del periodo del presidente de la Corte (ya que no hay, dice, otro ministro honorable para limpiar de corruptos y conservadores el Poder Judicial), y para predecir él mismo su derrota, también en este tema, a manos de la mayoría de ministros togados en el antiguo régimen, acusa, y por tanto fieles a aquellos intereses.

Se lo escuché recientemente a un cronista deportivo dominicano a propósito de las inconsecuentes ‘aclaraciones’ sobre la aplicación discrecional de penas a lanzadores por untarse en la mano —como lo suelen hacer muchos— sustancias para afianzar la pelota —dura, compacta— antes de dispararla a unos centímetros del bateador a velocidades que pueden rebasar las 100 millas por hora. Y no porque ahora estén acusando al brillante pitcher sonorense Giovanni Gallegos, de los Cardenales de San Luis, pero el díctum popular “no aclares, que oscureces” debería ser observado como mandamiento por todo tipo de autoridad, especialmente por los poderes obligados a informar con claridad de sus actos y de los riesgos de las poblaciones.

El problema mayor se da en nuestro medio cuando la ‘aclaración’ busca deliberadamente oscurecer, como en las ‘explicaciones’ del tenebroso doctor Gatell. Su “maestro”, lo llamó el presidente López Obrador, acaso por aquello de que el alumno suele superar al docente, en este caso en su magisterio en la asignatura de aclarar oscureciendo. Y así, AMLO, Gatell, Herrera y Ebrard, lograron dejar entre sombras, por ahora, cientos de miles de fallecimientos de la pandemia, escamotear los recursos para las vacunas en (larga y letal) espera de la asistencia sanitaria internacional, además de precipitar el regreso a clases de los niños, ahora también oscurecido por los nuevos contagios infantiles. Pero las enseñanzas del maestro perduran y seguro seguirán las aclaraciones cotidianas de que todo está bajo control, no obstante, las oscuras realidades.

Aclarar sin claridad. Y no nos ha ido mejor con la tragedia de la Línea 12. Allí están la distancia helada y las elusiones con que el presidente pretendió nublarla —con oscuros nubarrones, en campaña electoral— mientras, con sus ‘aclaraciones’ sin claridad, los directamente involucrados —los pretendidos delfines— tratan ahora de oscurecer los hechos, encobijar sus responsabilidades y descobijar al de junto. Sobre dos docenas de muertos, y daños al presupuesto y a la economía popular y de la ciudad, probablemente punibles, el presidente “aclara” que tiene otras cartas (brumosas, distractoras) para su sucesión. Con el inconveniente, todo ello, de ser sorprendidos por el alumbrado del puntual reportaje del NY Times, y por la ruta que intentan iluminar las víctimas en busca de aclaraciones verdaderas y justicia por los tribunales estadunidenses. Claridad: verdad y justicia, como lo planteó ayer el editorial de EL UNIVERSAL.

Más preguntas. Le faltaron preguntas a la consulta del presidente de la Corte en busca de aclaraciones para oscurecer más el entorno: ¿Votarán los ministros por prorrogar la actual presidencia, contra la Constitución y no obstante que así abonarían en su descalificación de conservadores corruptos, indignos de presidir, según Palacio, alguno de ellos, el Tribunal Constitucional? Y si votan contra la prórroga, ¿Complacerán enseguida al presidente de la República para mostrarle que no son conservadores ni corruptos, o le demostrarán día con día su independencia para diferenciarse de lo que ahora acontece?
 

Profesor de Derecho de la Información. UNAM

 

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