¿Dictadura ‘popular’ o campaña anticipada? Es alta la intensidad del debate sobre los graves, previsibles efectos externos del barranco discursivo presidencial desde el cual pretendió tender un manto protector —tejido con mantras patrioteros— a los narcopolíticos del régimen. Pero ello ha reducido el espacio para el análisis de la convocatoria de la Presidenta a la movilización popular para apoyar a los forajidos y apuntalar el régimen del que forman parte. Ante todos los tics de los dictadores latinoamericanos, particularmente los de inventar, magnificar o manipular peligros externos para atrincherarse en el plano interno, surgen preguntas clave. ¿Pretende el régimen crear —o simular— una organización de seguridad a la cubana, casa por casa, en ‘defensa de la revolución’, para disuadir resistencias internas y presiones extremas? ¿o se trata más bien de una farsa a la Morena para iniciar actos anticipados de campaña, como un recurso más para perpetuar su dominio por décadas con sus subvencionadas clientelas electorales? ¿O estaremos ante una combinación de ambos métodos, ambos nugatorios de la competencia electoral democrática?
Huida hacia adelante. La Presidenta mexicana pareció negar una vez más la realidad y doblar la apuesta en un juego perdido. Pareceríamos estar ante la fórmula maoísta de la huida hacia delante. En este caso, ante un intento de romper el cerco, a través de una movilización ‘popular’ a la Morena, del sistema estadounidense de justicia, tendido alrededor del sector narcopolítico del régimen mexicano. Son miles de ambulantes amenazados con perder sus puestos si no marchan y decenas de millones de beneficiarios de la derrama de un billón: un millón de millones de pesos entregados por el régimen en efectivo, en la mayor compra masiva de votos y de manifestantes jamás conocida. Y si el gran paso delante de Mao para la industrialización forzosa de China produjo una hambruna con 30 millones de muertos, la Presidenta mexicana parece haber optado por seguir adelante por el ‘sendero luminoso’ de AMLO, ignorando las señales nacionales e internacionales que obligarían a parar y corregir el rumbo, o a tocar en retirada. Estamos ante la típica fórmula de escape de quienes no reconocen ni afrontan sus errores ni sus desvíos.
Atavismos ideológicos. Y están los primitivos atavismos ideológicos de las cabezas del régimen, para tratar de comprender otras motivaciones de la negativa a entregar en extradición a los narcopolíticos nacionales. Aparte de complicidades y temores de un escalamiento de las acusaciones a las cúpulas del poder político en México, brotaron en el entorno presidencial, desde los arcanos más inverosímiles, las más simplificadoras, conspirativas pulsiones anti EU. Fue una reacción automática a las investigaciones y el procesamiento de los políticos mexicanos, a cargo de fiscalías y tribunales estadounidenses.
Liga estirada. Los imperativos del mercado son una plaga para la Presidenta. No sólo suele desconocer a las calificadoras del crédito y las finanzas, sino que, con su declaración de guerra a la justicia estadounidense, parece no tener consideración por las negociaciones del acuerdo de libre comercio, que ella y su tribu condenaron desde su nacimiento por ‘entreguista’. Y, en materia de seguridad, la Presidenta aparece como alejada, distante, como en la ejecución del Mencho, y hasta hostil, como en el caso de Chihuahua, a la cooperación estadounidense en el combate a los cárteles. Y la liga se sigue estirando…
Académico de la UNAM

