Apparátchik en la Corte. Deturpada por su desconocimiento del sistema democrático liberal, tan arraigado en nuestras tradiciones constitucionales, desde el siglo 19 hasta el Pacto por México de la década pasada, la participación de la ministra Estela Ríos en la sesión del aval de la Corte a los bloqueos de cuentas de la UIF sin orden judicial, alcanzó a reiterar, en su mala sintaxis, la ideología y las pulsiones totalitarias de un sector del régimen. Ella no fue colocada allí por estar versada en los temas que competen a nuestro ex tribunal constitucional. Su caso —y el de otras y otros— hace recordar a los apparátchik en la difunta Unión Soviética. Estos eran colocados en puestos clave de empresas e instituciones sin ser competentes en su funcionamiento, pero sí firmes en la vigilancia al apego, en cada organismo, a los principios del partido del estado. Así, el régimen de acá la colocó a la ministra en la cumbre de nuestro sistema judicial, así se muestre incapaz de enseñar siquiera un barniz de formación constitucional.
El desparpajo y la fobia. En ese sentido, la ministra no le falló a su partido, adueñado ya de los tres poderes clásicos del estado mexicano y de otros instrumentos de dominio. Expresó, eso sí, las vacilaciones e indefiniciones de las cúpulas en temas tan sensibles como el de la propiedad privada y la participación del estado en la economía y en otros campos de la vida hasta hoy en manos de particulares. Formadas en la devoción al estado (totalitario) y el repudio al capital privado, las mentes más primitivas del oficialismo apenas pueden ocultar su fobia a la propiedad y a los propietarios, en los términos obligados por las jerarquías en la actual “fase de la lucha”. Por ahora es una fobia sorda. Parafraseando a Wilde: una fobia que no se atreve a decir su nombre. Y de allí el desparpajo de la ministra Ríos. De allí y de su incompetencia para tratar de a hacerse pasar por lo que debe ser y no es: salvaguarda de la Constitución y protectora de los derechos de los particulares.
¿Límites o limitaciones? Fiel a un régimen confundido —y no a la Constitución, que no parece comprender— tropezó la ministra con el concepto de ‘derecho de propiedad’ y se hizo unas bolas tremendas. Le mostró su desprecio y subvaloración a la propiedad: “no es un derecho universal”. Y abrió el tema de sus límites (los llamó limitaciones) a un compás factible de 360 grados, si así lo dispone la jerarquía dominante de los déspotas del poder en México. La confiscación que suele seguir al congelamiento de fondos simplemente sería una ‘limitación’ más al ‘derecho de propiedad’.
¿Ahorradores en la mira? Medio salió de ese lodazal —muy enlodada, eso sí, en el debate público— al dar con el campo de cultivo del resentimiento social como vía de conexión con el ‘pueblo’. Hay que quitarles todas las trabas a las pulsiones del poder para bloquear fondos de adversarios o extorsionar con ese recurso para hacer cumplir las indicaciones superiores, parece ser la voz del mando. Porque al final de cuentas no todos disfrutan del derecho de propiedad, dijo la ministra, y “porque no todos tienen una cuenta bancaria que podría ser bloqueada”. Es la voz del ‘pueblo’ carente de una cuenta bancaria, la que le da la bienvenida a la instalación de una barrera de misiles contra el capital privado, entendido como un sector de la sociedad cada vez más grande de ahorradores y cuentahabientes que pueden exigir autonomía en sus decisiones. Un peligro real para el régimen.
Académico de la UNAM

