Degradación del lenguaje. Dos niños —uno de ficción y otro real— trajeron estos días lecturas renovadas, actuales, del totalitarismo en sus perspectivas de degradación del lenguaje y propagación el odio colectivo. Por un lado, está la película ganadora del Oscar al mejor guión adaptado: una sátira de humor negro que recrea el odio imbuido por la organización infantil de los nazis a Jojo Rabbit, de diez años. Por otro lado, entre valiosos materiales puestos a circular a propósito de su muerte, está un recuerdo de la niñez judía de George Steiner, sofocada por mensajes de odio del Führer, pero oxigenada por la lucidez del padre y sus advertencias sobre la inminente tragedia que vislumbraba de la retórica hitleriana.

Experiencias con viejos amigos ahora en el oficialismo me obligan a anteponer la obviedad de que el presidente López Obrador no es Hitler, ni podría serlo en México 75 años después de apagado aquel infierno totalitario de asesinatos masivos, hornos crematorios y un estado policiaco en que el niño de la película: el menor electrizado por la parafernalia del líder, encuentra de pronto a su madre colgada de un poste tras ser descubierta en la resistencia al régimen. Pero lo que sí es posible advertir hoy —incluso antes del exabrupto infantil más reciente de nuestro mandatario— es la degradación del lenguaje del grupo gobernante mexicano, fenómeno que, como se sabe, suele acompañarse de la degradación de la vida pública. Así lo confirman los mensajes que presionan por la eliminación de la escena pública de quienes resisten a los ucases del presidente.

Se trata de mensajes cargados de algo muy parecido al odio contra críticos y oponentes estigmatizados con sistemática y confusa violencia verbal como conservadores y, sin que medie juicio alguno, como corruptos. Y aquí resulta imposible eludir un paralelismo entre la estigmatización grotesca de los judíos —repetida y fantaseada por Jojo Rabbit— y el automatismo ciego con que los efectivos en medios y redes del líder mexicano estigmatizan y —con más exagerada hostilidad que el presidente— repiten difamaciones y calumnias contra los execrados desde Palacio. Tampoco conviene soslayar en este punto la clarividencia que el niño Steiner admiraba en un padre capaz de vislumbrar la tragedia anunciada por el lenguaje del nazismo. Acaso de allí proviene la certeza visionaria del joven académico de La muerte de la tragedia (1961), sobre cómo se degrada y ‘embrutece’ el lenguaje cuando las palabras son “empleadas para justificar la falsía política, las enormes distorsiones de la historia y las bestialidades del estado totalitario”.

Rabiosos con causa

Y es que el lenguaje de la degradación de la vida pública, antes y después del nazismo, es generalmente portador de intenciones y causas y buscador de efectos. Hoy lo vemos en varios puntos del planeta. Y aquí, donde el lenguaje rabioso de Trump contra México ha convertido en su contrario la original política migratoria de AMLO y ahora echa abajo los abrazos y los no balazos con los criminales. Y está también la rabia del lenguaje oficial y oficialista del régimen de AMLO contra el presidente y los consejeros libres del INE, dirigida a legitimar los cambios en curso que convertirían la actual autoridad electoral autónoma en apéndice del régimen para la perpetuación del actual grupo gobernante.

Otra estafa maestra

Por lo demás, una sátira quizás tan digna de un Oscar y tan reveladora y divertida como Jojo Rabbit, podría surgir del cuento de la no venta, la no renta, la no rifa del avión presidencial, que hoy podría alcanzar un punto culminante con la dudosa compra de protección por 2 mil millones de pesos que acordarán los mexicanos más ricos, rehenes permanentes del régimen, para simular una participación masiva en el no sorteo de la nave.



Profesor en Derecho de la Información, UNAM

Google News

TEMAS RELACIONADOS