INE/INAI: mañaneras contra la Constitución

José Carreño Carlón

Frente a la manipulación informativa del poder, al ciudadano le quedaría ajustarle cuentas en las urnas, siempre y cuando hubiera condiciones de equidad

Intromisiones inconstitucionales

Los blancos atacados esta semana por el presidente perfilan a cabalidad su proyecto en curso de desarticulación, inhabilitación o colonización de nuestras jóvenes instituciones democráticas. También prefiguran el juicio que se está labrando para su legado histórico —y el de su movimiento— ya en estos primeros días de su tercer año en el poder (pretendidamente absoluto). La fobia presidencial a la rendición de cuentas —desde el ocultamiento de las finanzas del primer tramo del segundo piso del Periférico en el gobierno del DF, hasta la actual militarización (siempre renuente al escrutinio civil) de la obra pública, las aduanas y los puertos— podría explicar la distancia hostil del presidente al Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI).

Ello, al grado de hacer planes en voz alta —entre descalificaciones y calumnias a la institución— sobre una eventual propuesta de Palacio para ocupar la presidencia de ese órgano autónomo, ignorando o queriendo pasar por encima de la facultad de sus siete comisionados para nombrar su presidente. O quizás a sabiendas de que les impondrá su voluntad. Sin una ciudadanía informada, sin manera de ejercer su derecho a saber lo que hacen, omiten y ocultan sus gobernantes, tampoco existe la capacidad de exigir la rendición de cuentas y la identificación de responsables, por ejemplo, del desastre sanitario, económico, educativo y de seguridad, hoy por hoy incontenible. Incluso la prensa internacional se ha ocupado del hermetismo gubernamental cuando alguien se propone desazolvar los cauces de transparencia y acceso a la información que funcionaron razonablemente hasta antes del régimen actual.

Finalmente, frente al ocultamiento y la manipulación informativa del poder, al ciudadano le quedaría ajustarle las cuentas en las urnas, siempre y cuando hubiera condiciones de equidad en los comicios. Pero el círculo de la arbitrariedad presidencial, desde un autoritarismo desconocido para las nuevas generaciones, parecería estrecharse con el desacato de la medida cautelar de la Comisión de Quejas del Instituto Nacional Electoral (INE), contra la inconstitucional intromisión del mandatario en el proceso electoral en curso. Fue la respuesta del INE a la ofensiva mañanera artillada contra los partidos que acordaron coaliciones electorales para enfrentar al partido oficial.

Recursos públicos contra la oposición

Obligado a la “imparcialidad” —“en todo tiempo”— por el artículo 134, específicamente en la aplicación de “los recursos públicos que están bajo su responsabilidad”, a fin de preservar “la equidad de la competencia entre los partidos políticos”, no hay manera de ignorar la condición de recurso público de la comunicación oficial, esta ocasión con el, a su vez, recurso público del tiempo y la investidura del presidente y desde el también recurso público de Palacio Nacional, incluyendo su significado como símbolo supremo del poder, con la afectación correspondiente a la equidad de la competencia electoral.

Propaganda

De hecho, tampoco hay forma de ignorar el carácter esencialmente propagandista —sin conexión con la realidad— del contenido de las mañaneras, como lo sugiere Alejandro Hope en su llamado a no atenderlas ni comentarlas. Autoapologías del gobierno, el proyecto y la persona del presidente, que aparte, si se quiere, de ir contra la realidad, sobre todo van contra la Constitución. En efecto, el art. 41 establece que “la propaganda, bajo cualquier modalidad de comunicación social, que difundan como tales los poderes públicos…, en ningún caso… incluirá nombres, imágenes, voces o símbolos que impliquen promoción personalizada de cualquier servidor público”.

¿Se someterá, o lo someterán, a la Constitución?

Profesor de Derecho de la Información, UNAM
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