De dónde le viene. Desde luego, la invocación de la “austeridad republicana” le viene a la presidenta Sheinbaum de su antecesor, quien a su vez la citaba (mal) de un informe del presidente Benito Juárez. Éste les exigía esa virtud a los (pocos) servidores públicos de su gobierno en la República Restaurada. Así llamó Cosío Villegas a esa etapa, sí, la de una república, además de restaurada, empobrecida, endeudada tras la década que siguió al autogolpe de Comonfort, la guerra civil, la intervención francesa y el triunfo de las armas republicanas. Pero una historia fabricada con frases fuera de contexto por AMLO el historiador no ha podido más que desdoblarse, como ocurre ahora, en su contrario. No sólo referida a los excesos y escándalos del momento, sino a la paráfrasis de otro dicho proverbial mexicano; ‘hágase la austeridad de Dios en mis adversarios, en el vasto elenco del oficialismo del pasado y en los órganos del Estado que no me dan votos, sino que me los disputan.

“Privilegiados”, ayer; ensamblados, hoy. A ese elenco van dedicadas las frases del llamado Plan B dirigidas a los privilegios, los excesos, sin mencionar a la familia de su antecesor. Ni a tantos otros. Y sin referirse al impacto de la corrupción y los privilegios destapados estos años cotejados con el desplome de los servicios de salud en el septenio por falta de medicamentos, de instrumental y equipos averiados. Pero, eso sí, la narrativa del Plan B parte del “principio fundamental de disminuir privilegios y excesos en el ejercicio de la función pública, bajo la austeridad republicana”. Retóricamente, sin mencionarlos ahora por sus siglas, la frase mantiene la guerra verbal contra sus desertores momentáneos, PT y Verde, a los que antes acusó de resistirse a la reforma constitucional por defender sus privilegios. Parecería esto olvidado, ya que estos partidos satélites ya se ensamblarán otra vez a la órbita oficial.

Ángel exterminador y polarización. Por la insistencia en la lucha contra los privilegios y a favor de la austeridad republicana -presentadas en la literatura disponible del Plan B al momento de enviar estas líneas- la presidenta aspira a convertirse en el ángel exterminador de privilegiados, gastalones y corruptos. Pero está la asignatura pendiente de acabar con los cárteles del crimen organizado, donde quizás se puedan seguir encontrando privilegiados, gastalones y corruptos insertos en el poder político de hoy. Si no se avanza en ese frente, pronto comprobaremos una vez más que la lucha contra los privilegiados es el arma del septenio para agudizar la polarización. Y el arma, también, para acabar con instituciones fundamentales de la República por la vía de satanizar a sus miembros en la lista de privilegios, que ahora el Plan B podaría hasta mero abajo, con los miembros de los ayuntamientos municipales y los integrantes de los congresos bajo sospecha de este plan.

¿Contrabando legislativo? Si leí bien una transcripción de lo expuesto en la mañanera por la secretaria de Gobernación, la iniciativa incluye reformas a la Constitución. Esto podría quedar en una simple engañifa, porque siempre se dijo que el plan trataría de rescatar normas de la fallida iniciativa constitucional susceptibles de pasar por la legislación secundaria. Pero podría resultar controvertible si la nueva iniciativa lleva de contrabando el intento de sacar una reforma constitucional rechazada en el mismo periodo constitucional, de acuerdo con la reglamentación del congreso.

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